El mito del capitalismo inmoral

Uno de los prejuicios más extendidos contra la economía de mercado es que se trata de un sistema inmoral. En esta nota explico por qué es justamente lo contrario.

Una serie de mitos rodean al liberalismo económico. Suele decirse, por ejemplo, que en un ambiente sin controles los empresarios cobran precios demasiado elevados, cuando en realidad la competencia que genera la libertad termina redundando precisamente en lo contrario.

Se argumenta, también, que la libertad promueve el empleo de máquinas que amenazan con destruir los puestos de trabajo, cuando no hay elementos empíricos que sustenten esta teoría.

Por último, se sostiene que la libre importación de bienes y servicios ocasionará desempleo, cuando en realidad lo que hace es aumentar el poder de compra de los trabajadores.

Estos son solo algunos de los tantos mitos y argumentos falaces que rodean a la economía de mercado. Todos ellos pueden refutarse con una buena argumentación datos empíricos y acudiendo a principios sólidos de teoría económica.

Sin embargo, hay mitos y prejuicios que son más difíciles de desterrar. Uno de ellos es el mito del capitalismo inmoral.

“Solo te interesa que los números cierren”

Muchos estarán de acuerdo en que el sistema de mercado es el que mejores condiciones tiene para generar riqueza y prosperidad para el conjunto de la población. No obstante, no les gustaría para nada que los tilden de “liberales”, “pro-mercado” o, muchísimo menos… “neoliberales”.

Si se llegara ese punto, quedaría expuesto que a esta persona “solo le interesa el Excel, que los números cierren, pero no la gente”.

Esta idea está muy extendida. Incluso cuando pudiera aceptarse 100% que el capitalismo es el mejor sistema económico y que asigna los recursos de la mejor manera posible, todavía queda en el imaginario colectivo que, dado que está basado en el egoísmo y la propiedad privada, se trata de un sistema inmoral.

Ahora justamente ese concepto es el que dota de moralidad al liberalismo. Como sostiene Alberto Benegas Lynch (h), el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida de los otros.

¿Por qué se sostiene eso? Porque la base del capitalismo es la propiedad privada.

Pero no se trata solamente, como diría Marx, de la propiedad privada de los medios de producción. La propiedad privada no es solamente un concepto económico y material, sino que es también un concepto filosófico y moral.

Respetar la propiedad privada de las personas no es solamente respetar su fábrica, su emprendimiento productivo o su dinero. Se trata también de respetar sus creencias religiosas, su forma de vestir, su manera de pensar, sus ideas políticas, su elección sexual… en definitiva, de respetar el proyecto de vida que los demás elijan, siempre y cuando ese proyecto no implique dejar de respetar el de un tercero.

Inmoral es el atraco

¿Qué tiene de inmoral eso? ¿Qué tiene de inmoral un sistema que, porque valora la propiedad, respeta las decisiones individuales de las personas? La alternativa a este sistema, llámese socialismo, intervencionismo, fascismo o populismo, siempre ha sido la de torcer las voluntades individuales y violentar las decisiones de la gente, en beneficio de las decisiones de grupos organizados.

En última instancia, la diferencia entre el liberalismo y el intervencionismo es la diferencia entre un sistema basado en las relaciones voluntarias y otro basado en relaciones hegemónicas, de poder, de coacción.

Es la diferencia entre una transacción comercial y un simple atraco.

El capitalismo no es un sistema que, como funciona en lo económico, deba ser defendido desde lo moral. En realidad, es al revés: dado que se trata de un sistema moralmente superior, es que genera los beneficios sociales que genera, en la forma de mayor crecimiento económico, mayor innovación y más prosperidad.

En la medida que los colectivos no se imponen a los individuos, que el estado no viola la libertad y la propiedad privada de los productores, es que aparece un marco para que, efectivamente, esa producción crezca.

Es la moralidad del capitalismo lo que lo hace un sistema económico superior, no a la inversa.

La inmoralidad del liberalismo no es más que otro mito que añadimos a una larga lista que, sin lugar a dudas, seguiremos escribiendo.

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