Las burradas del equipo de Trump sobre el comercio

 

El flamante Consejero Nacional del Comercio amenaza la prosperidad de los estadounidenses.

El futuro es nuestro tema. Impredecible. Lleno de imprevistos. Hay solo dos cosas que sabemos de él.

Primero, que el mañana afecta el hoy. Segundo, que probablemente tampoco sea tan diferente, después de todo.

Nos anticipamos a lo que puede venir. Y luego hacemos ajustes. Los cambios de hoy dependen de lo que esperamos que suceda en el futuro.

Es por eso que los economistas de antes rechazaban el intervencionismo. Eran como contempladores de aves, no guardianes de zoológico.

Una cosa es mantener tus ojos abiertos observando cómo se comporta la gente. Otra es decirle lo que tiene que hacer.

Una vez que empezás a intentar controlar el futuro, te convertís en parte de aquello que tratás de comprender.

Así se encuentra ahora el señor Peter Navarro.

Navarro se había convertido en una celebridad local en el área de San Diego, después de perder cuatro elecciones para ocupar un puesto público. Se lo consideraba un empedernido perdedor. También era conocido en el ambiente económico, pero principalmente como un chiflado.

Después, de repente, la fama nacional le llegó a este PhD de Harvard. Fue nombrado director de algo que no existía hasta que llegó “el Donald” al poder: el Consejo Nacional de Comercio de la Casa Blanca.

Ventajas Comparativas

Existen muchos doctores de Harvard que ignoran la calidad de los vinos franceses. Muchos no podrían declinar un verbo en latín ni siquiera si su vida dependiera de ello.

Otros no tienen idea de cuál era la duda de Heisenberg o por qué Wittgenstein decidió repasar sus más preciados pensamientos “en silencio”.

Pero es raro ver un PhD en economía de Harvard mostrar que sabe tan poco… ¡de economía!

Te hace dudar acerca de su jefe, también.

La teoría de las ventajas comparativas vio la luz en el siglo XIX. Adam Smith, David Ricardo y otros observaron que los dátiles y los frutos secos podrían ser producidos de manera más eficiente en Argelia que en Anglia Oriental, mientras que las fábricas británicas podrían fabricar tela más rápidamente y más barato que casi cualquier otro lugar.

El mundo iba a ser un lugar más rico si cada productor hiciera lo que mejor sabía hacer… y luego intercambiara con otros lo que ellos mejor sabían hacer. Todos ganan.

En otras palabras, si nos toma 100 horas hacer algo que alguien más podría hacer en 50 horas, casi siempre es mejor pasar nuestras 100 horas haciendo otra cosa.

No importa si estamos hablando de comercio a través de las fronteras o dentro de la ciudad, el principio es el mismo: la gente se enriquece a medida que los acuerdos ganar-ganar se expanden. Y, en conjunto, la gente nunca se hizo más rica, más rápidamente de lo que lo hicieron en los últimos 50 años.

Veamos lo que dice el científico Matt Ridley:

En este medio siglo, el mundo pasó de tener 75% de la población en la extrema pobreza a sólo 9%. Hemos aumentado la productividad humana en un 3.000%.

Nadie parece saber esto. El fallecido Hans Rosling realizó una encuesta en la que preguntó a la gente si la proporción del mundo que vivía en la pobreza extrema se había duplicado, había caído a la mitad, o había permanecido igual durante los últimos 20 años. Sólo el 5% de la gente pensó que se había reducido a la mitad – que es la respuesta correcta.

¿A qué se debe tan espectacular progreso?

A las ventajas comparativas. Y a los acuerdos donde todos ganan. La cooperación con otros alrededor del planeta hace que la gente produzca cosas que aisladamente nadie sabría ni cómo producir.

El cobre de Chile, el estaño de Indonesia, el acero de Corea del Sur, la electrónica de Japón, el caucho de Vietnam, los plásticos de China. ¡Ponemos todo junto y obtenemos un lavavajillas!

Ideas extremas

Hasta donde sabemos, los principios de la ventaja comparativa y de los acuerdos voluntarios donde ambas partes ganan nunca han sido seriamente cuestionados.

Pero Navarro no se lo cree. Él escribió:

 Reducir el déficit comercial a través de negociaciones duras e inteligentes es una forma de aumentar las exportaciones netas e impulsar la tasa de crecimiento económico.

¿Cómo funciona eso de nuevo? ¿Qué se hace exactamente? ¿Y qué ocurre?

Esto escriben en el sitio Politico, sobre la carrera de Navarro en Washington:

Peter Navarro, uno de los principales asesores comerciales de la Casa Blanca, es ampliamente visto como una personalidad espinosa con ideas políticas extremas.

Sin embargo, ha surgido como una fuerza influyente en la Casa Blanca, alimentando los impulsos proteccionistas del presidente Donald Trump.

(…) Recientemente, Navarro se ha anotado varias victorias políticas. A fines de abril, la administración anunció que planeaba imponer aranceles a las importaciones de madera de Canadá. Estados Unidos y Canadá han estado peleando por la madera durante décadas, y la decisión de Trump de golpear a Canadá con los aranceles enfureció a los líderes del país.

Pete, ¿podrías repasar cómo funciona el sistema?

Imponés acuerdos donde unos ganan pero otros pierden, como los aranceles sobre la madera. Eso aumenta los precios de la vivienda. Los hogares pierden, al pagar más por los techos sobre sus cabezas. Entonces tienen menos dinero para gastar en otras cosas.

Unos cuantos compinches en el negocio de la madera cuentan unos cuantos dólares. Unos pocos leñadores estadounidenses pueden, o no, obtener aumentos salariales.

En general, la madera costará más… reduciendo así la producción por dólar… reduciendo así el crecimiento económico real.

La ley de la ventaja comparativa nos dice que estaremos peor, no mejor.

¿Y qué es todo esto acerca de la dureza y la inteligencia? ¿Qué te hace pensar que eres más duro o más inteligente que los canadienses?

El Sr. Navarro desea controlar el comercio de Estados Unidos.

En lugar de contemplar los acuerdos voluntarios que hacen al mundo más próspero, quiere imponer sus acuerdos basados en burradas que destruirán  esa prosperidad.

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