Trump no evitará la crisis de la deuda

Los republicanos, supuestamente austeros, ahora quieren remover límites para gastar más y más.

Enciendan las alarmas. Saquen su dinero de la mesa. Empaquen su ropa y agarren sus pasaportes. Vamos a tener problemas.

El Washington Post informa: “Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro de Trump, se precipita hacia su primer fracaso”.

Los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras del Congreso. Sin embargo, no pueden hacer la única cosa que todos acordaron que deberían hacer y que todos prometieron hacer. Y si no lo hacen, el país quebrará.

“Cómo Trump y los republicanos fracasaron en su proyecto de reforma sanitaria”, explica el Post.

“La división de los republicanos por la reforma de la salud llega hasta el alma del partido”, declara otro titular de Post.

Regocijarse o lloriquear, los medios de comunicación están en toda la historia. Pero los puntos más importantes están enterrados más profundamente.

Tanques y Mantequilla

Los demócratas, desde la época de FDR, querían un estado de bienestar. Lo han conseguido. ¿Costo? Alrededor de 2,5 billones de dólares al año.

Y desde Reagan y el surgimiento de los neoconservadores, los republicanos quieren un estado militar. Tenemos eso, también. A un costo de casi 1 billón de dólares al año.

Entre los dos, eso es casi el 90% de todo el presupuesto federal…

El debate “tanques versus mantequilla” tiene muchos años. Lyndon Johnson fue advertido de que el país podría permitirse una guerra contra la pobreza o una guerra en Vietnam, pero no ambas al mismo tiempo. El gran tejano no prestó atención.

Las deudas y los dólares comenzaron a acumularse – muchos de ellos en el Banco de Francia, a través de sus sucursales en el sudeste de Asia.

Jacques Rueff era entonces jefe de finanzas del presidente francés Charles de Gaulle. Y Rueff no era tonto. Fue él quien puso a la economía francesa de nuevo sobre sus pies después de la Segunda Guerra Mundial.

En la década de 1940, Francia había sido derrotada, dividida en dos, y luego dirigida por administradores militares. La Tercera República cayó. La comida estaba racionada. Otros bienes de consumo – desde medias de nylon hasta Renault descapotables – desaparecieron.

Después, sectores importantes de la economía -banca, seguros, líneas aéreas, autos, acero, cemento- fueron nacionalizados bajo la fuerte influencia de socialistas y comunistas en el gobierno de la posguerra. La inflación estaba fuera de control, ya que los franceses decidieron instaurar un estado de bienestar administrado por Jean Monnet.

Rueff resolvió esto en dos movimientos clave. Devaluó el franco, haciéndolo convertible en oro. Y equilibró el presupuesto del gobierno. El dinero honesto y las finanzas honestas hicieron el truco. La economía francesa prosperó por los siguientes 30 años.

Imprimiendo Dólares

Sin embargo, a fines de la década de 1960, Rueff se enfrentó a un desafío: el programa fiscal de “tanques y mantequilla” de Estados Unidos.

Los Estados Unidos estaban financiando su gasto imprimiendo dólares… muchos de los cuales estaban acumulándose en el Banco de Francia.

¿Qué hacer?

Rueff aconsejó a De Gaulle que se llevara los dólares inmediatamente al Tesoro de los Estados Unidos y los cambiase por oro. Sabía que incluso los estadounidenses no podían permitirse un estado de guerra y un estado de bienestar al mismo tiempo.

Estaba en lo cierto.

El oro se podría comprar por US$ 37 la onza en el mercado abierto el último día de 1970. Una década más tarde, cotizaba US$ 589 la onza. Hoy está en US$ 1.243.

Si no hubiera hecho nada más que poner su dinero en oro cuando los Estados Unidos abandonaron el patrón oro, habría multiplicado su capital 33 veces.

Por el contrario, el Dow, sin incluir dividendos, ha subido 26 veces en el mismo período.

Promesas Rotas

En 1971 pocas personas notaron el cambio en el dinero de Estados Unidos.

Fue entonces, bajo la administración de Richard Nixon y mal asesorado por el economista Milton Friedman, que los Estados Unidos “cerraron la ventana de oro”, renunciando a la solemne promesa de convertir los dólares en oro a una tasa de US$ 35 por onza.

A partir de entonces, el dólar no podría ser canjeado por oro a una tasa fija. Y después de eso, no había un límite obvio para cuánta mantequilla o cuántas armas los federales podían permitirse.

Este dinero falso es lo que ha impulsado el crecimiento de los dos grandes proyectos del Estado Profundo: las guerras imperiales en el extranjero y los gastos de bienestar social en casa.

Pero incluso el dinero falso llega a límites. Uno de ellos está subiendo rápido. Desde el Post explican:

Mnuchin se precipita hacia su primer fiasco, incapaz de conseguir que el Congreso tenga una estrategia para elevar el límite federal de los préstamos gubernamentales. […]

A diferencia de otras cuestiones a las que se enfrenta la administración Trump, como pasar una ley de salud y revisar el código tributario, elevar el techo de la deuda viene con un duro plazo a fines de septiembre, según Mnuchin. Si no lo hiciera, el gobierno de los Estados Unidos podría dejar de pagar sus obligaciones, lo que haría que los analistas consideraran un incumplimiento histórico de la deuda del gobierno estadounidense.

“Arreglaremos el techo de la deuda”, dijo Mnuchin en una entrevista el lunes. “No creo que haya ninguna duda de que el techo de la deuda se elevará. No creo que haya nadie que tenga la intención de poner en riesgo la capacidad del gobierno para pagar sus cuentas”.

Él tiene razón. Republicanos y demócratas se reunirán para aumentar el techo de la deuda. Ambos saben que están en deuda con el Estado Profundo. Y ambos saben que el Estado Profundo funciona con dinero y deuda falsos. Al final, aumentarán el techo de la deuda.

Pero hay muchos deslizamientos en la copa y el labio, como dijo Shakespeare.

Los senadores que se han mostrado tan renuentes a revocar el Obamacare se encuentran aún más renuentes para elevar el techo al endeudamiento público. Quieren concesiones.

Será un espectáculo digno de la lucha libre. Postura. Bufonada. Amenazas. Llegará en septiembre, y no podemos esperar a verlo.

Esta es nuestra predicción: Habrá mucha cerveza derramada en el piso antes de que se eleve el techo de la deuda. “Comprar volatilidad” es nuestro consejo.

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