Derribando el mito de la “timba financiera”

El término “timba financiera” se ha instalado en el inconsciente colectivo como uno de los enemigos a atacar. En esta nota, te invito a que reflexionaremos juntos sobre el tema.

 

“Cada vez que estés del lado de la mayoría, es momento de tomar una pausa y reflexionar”

George Orwell

Hace aproximadamente un mes, Sergio Massa declaró que era “una locura que mientras la timba financiera no está gravada, el Estado siga cobrando un impuesto al trabajo y a la producción”.

Más allá del discurso empalagosamente populista de Massa (y de que su intento de hacer propios este tipo de lugares comunes resulte incómodamente evidente) el espíritu de esta nota excede al personaje en cuestión.

Sin embargo, creo que es importante diseccionar la frase que repite el candidato del Frente 1País.

Reitero, Massa es uno más de los tantos que creen que el mundo financiero es una “timba”. Pero la idea está altamente cargada de prejuicios y carece de toda objetividad. Finalmente es, en rigor, incorrecta.

No es timba, sino inversión para el sector privado

El mercado bursátil, o “la bolsa”, es un lugar donde las empresas privadas buscan financiamiento, principalmente mediante dos tipos de operaciones. Pueden vender acciones, entregando parte de su capital a cambio de fondeo; o pueden solicitar préstamos, colocando bonos corporativos u obligaciones negociables.

Así, más allá del mecanismo elegido por cada organización, la bolsa es un vehículo formidable para que éstas consigan dinero. A su vez, este dinero puede destinarse a inversión, a mantener el flujo de caja o bien el flujo de deuda de la empresa.

En criollo: a través de la bolsa, las empresas financian expansiones (inversiones) y también su mantenimiento operativo (básicamente, su supervivencia).

Ambos casos son más que positivos para la economía real. Cuanto más profundo el mercado financiero, más abundante y más barato es el financiamiento. Eso es bueno para las empresas, que -en un sistema capitalista- son las que generan riqueza y emplean a la población.

No hay desarrollo sin mercado financiero

En los países avanzados, los mercados financieros se encuentran altamente desarrollados. Por el contrario en la actualidad nuestro país cuenta con un mercado raquítico.

El crédito al sector privado como porcentaje del PIB es del 15%, mientras que en Australia es del 142%, y en Alemania del 78%.

Además, la capitalización bursátil de todas las empresas que cotizan en la bolsa no llega al 15%, cuando en Australia es del 105%, y en la Zona Euro promedia el 60%.

Como describí en párrafos anteriores, esto es malo para la inversión.

A menor tamaño del sistema financiero, menor es la tasa de ahorro o de inversión del país. Por eso, en casos como el argentino, donde el ciudadano promedio atesora dólares en el colchón, la tasa de inversión es más baja.

Las sucesivas crisis homéricas del pasado han corroído el sano rol del mercado financiero, que es, básicamente, transformar el ahorro de todos en inversión. La consecuencia de esta menor inversión es una menor tasa de crecimiento.

En el siguiente gráfico se puede ver la relación altamente positiva entre PIB per cápita (eje vertical) y capitalización de mercado (eje horizontal). Prácticamente no existen países desarrollados sin mercados bursátiles profundos.

Sólo con mirar el gráfico nos damos cuenta de que, en caso de pretender parecernos a los países más desarrollados, una de las cuestiones a imitar es hacer más atractivo al MERVAL, no menos.

Gravar la compra-venta de acciones, por ejemplo, va claramente en el sentido contrario.

La parte “privada” de la timba financiera ya está gravada

Decir que el mercado financiero no paga impuestos es falso. Es que no es cierto que cuando uno compra una acción en el mercado local no esté pagando impuestos.

Al comprar una acción de una empresa, el inversor está haciéndose de parte del capital de la misma. Por ende, es dueño de algo que ya paga impuestos. De hecho, si las empresas no pagaran impuestos, las acciones valdrían más, y sus dividendos serían más jugosos porque el flujo de caja sería más abultado.

En otras palabras, el inversor es dueño de una organización que ya paga impuestos y la tasa impositiva está implícita en los retornos de la acción que tiene en su cartera.

En consecuencia, en el caso de que se grave la ganancia por tenencia o compra-venta de una acción, entonces se estaría tributando dos veces.

Si hay timba con títulos públicos, culpe al populismo

En cuanto a la “timba o bicicleta” que ocurre con los títulos públicos como las LEBAC, es conveniente aclarar –primero- que esta operatoria no está exenta de riesgos para el inversor. Además, tampoco es tan simple como se caricaturiza de manera ignorante y negligente por parte del periodismo y un sinfín de candidatos.

Ahora bien, además de que invertir en LEBACs dista de ser “soplar y hacer botellas”, lo cierto es que si las tasas resultan demasiado altas, y por ende se da lo que en la jerga económica se conoce como “crowding out” eso es porque el déficit fiscal está en niveles descontrolados.

O sea, en última instancia, la mal llamada “timba” no es más que un síntoma del populismo. Sin déficit abultado financiado con emisión, no hay tasas de LEBAC altas. Sin tasas de LEBAC altas, no hay “bicicleta financiera”.

En Conclusión, el problema del país no es la “timba financiera”. En primer lugar, porque en lo que tiene que ver con las acciones y la deuda corporativa, necesitamos mucho más mercado financiero, no menos.

En segundo, porque para el caso de las LEBAC, pedir castigar la timba es atacar un síntoma, pero sin proponer una solución de fondo de la enfermedad.

Esto refleja ignorancia de buena parte del periodismo, pero en el caso de algunos líderes políticos no es más que un artilugio para tratar de acercarse al votante promedio, incluso diciendo cosas que sabe incorrectas.

En conclusión, cuando escuches esta frase, vas a saber que del otro lado tenés o a un ignorante, o a un populista manipulador. Estás avisado.

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