China, el “Irma” del Bitcoin

En los últimos días, el gobierno chino ordenó cesar de operar con Bitcoins. A eso se sumaron las declaraciones de importantes banqueros, lo que hizo que la cotización se derrumbara.

Varios años atrás debatía con un amigo que, por ese entonces, era solamente un compañero de trabajo. El tema de conversación eran los grandes libros que todavía teníamos pendientes leer. Anoté varias obras para liquidar. Entre ellas estaba “1984”, el clásico de George Orwell.

Para los que no lo leyeron o simplemente no la recuerdan, la novela es una crítica directa a los embates del socialismo sobre la libertad y el individuo.

En su momento pensé que la visión pesimista y altamente rebuscada de Orwell era un tanto exagerada, caricaturezca. Sin embargo, durante los últimos años, y particularmente durante la última semana, quedó claro que Orwell exageraba ni un poco.

Las criptomonedas incomodan a más de uno

Durante los últimos días trascendió en los medios la iniciativa China de detener, al menos parcialmente, el avance del Bitcoin en el país. Esto, sumado a algunas declaraciones por parte de figuras del mundo de las finanzas, ha provocado una caída muy significativa, no solo del Bitcoin, sino también del resto de las criptomonedas, como Ethereum.

Tomando un poco de distancia de los hechos, lo cierto es que este trascendido entra dentro de una ola “orwelliana”, protagonizada por altos funcionarios públicos y –principalmente- bancos centrales, como el de Bolivia, México y Sudáfrica, entre otros.

En concreto, algunos han actuado, otros no, pero la gran mayoría (sobre todo los pertenecientes a las geografías más intervencionistas) ven con muy buenos ojos la aplicación de medidas altamente restrictivas sobre este tipo de instrumentos.

En rigor, lo que molesta a los gobiernos y particularmente a las autoridades monetarias es que, por primera vez en más de un siglo, se enfrentan a una situación en la cual el ciudadano tiene la posibilidad de consumir, ahorrar y transferir riqueza de manera sencilla, a bajo costo y fuera de la órbita del Leviatán.

Sin entrar en mayor detalle, destaco el valor que tiene para el ciudadano común la posibilidad de ahorrar en una moneda que, más allá del riesgo de la tecnología, al menos en la teoría no va a sufrir de una devaluación, ni va a depender de la sed de populismo del gobierno de turno.

Esto es particularmente valioso, sobre todo para habitantes de países donde la moneda Fiat (de curso legal) es y ha sido bastardeada hasta el cansancio, como es el caso de Argentina y Venezuela.

De hecho, el BMPI, un indicador que conceptualiza y rankea a los países con mayores posibilidades de adoptar al Bitcoin (dada la inflación, volatilidad de su moneda de curso legal, etc), muestra que éstos efectivamente terminan siendo los países con mayor adopción proporcional (ajustada por tamaño de mercado).


En estos casos, el Bitcoin termina ejerciendo al menos parte de las propiedades que la moneda de curso legal ha dejado de ofrecer por la mala praxis de la clase política.

Los banqueros están nerviosos

El martes pasado, Jamie Dimon, director ejecutivo de JP Morgan, no solo declaró que el Bitcoin era un fraude, sino que fue aún más audaz: aseguró que, en caso de enterarse de que algún empleado suyo estuviera operando Bitcoin, sería despedido inmediatamente.

El motivo: hacerlo sería algo “estúpido y peligroso”.

Además, el popular banquero comparó al rally de la más famosa de las criptomonedas con el fenómeno de los tulipanes en Holanda durante el Siglo XVII, cuando la cotización de la flor subió de manera escandalosa.

Más allá de lo ridícula que resulta esta analogía, el tono y el objeto de las declaraciones no es ingenuo. Esta crítica, que en este caso llega desde la cúpula de uno de los principales bancos comerciales del mundo, tiene el mismo espíritu que la prohibición de China y de Bolivia: deja entrever cierto recelo, y hasta miedo, a estas iniciativas tecnológicas que amenazan el actual statu quo.

Este es el motivo por el que aprovechan cada salida a prensa y todo su poder de lobby para bloquear estos avances que son una mejor opción para el ciudadano de a pie.

Bancos vs fintech en Argentina

La interesantísima pulseada que se está dando entre el sector bancario tradicional y las nuevas tecnologías no es exclusiva de la escena internacional.

De hecho, hace solo unos meses estalló una controversia entre banqueros, MercadoLibre y funcionarios locales. El motivo: la empresa de compraventa por internet había lanzado una plataforma llamada “Mercado Crédito”, que, gracias a las bondades de la tecnología, iba a permitir otorgar créditos de manera cuasi instantánea, sin prácticamente papelerío.

Inmediatamente, directivos de la banca local se proclamaron en contra. Los banqueros dicen que están sometidos a costosas regulaciones prudenciales del Banco Central y por eso sus préstamos reflejan, en las tasas, los costos de tales regulaciones.

Si bien esto en cierta manera es así, también es cierto que son prácticas cualitativamente distintas, con lo cual, reclamar regulaciones iguales no resulta algo lógico.

En primer lugar, la mayor parte del dinero que prestan los bancos tradicionales es dinero ajeno, y de manera apalancada. Por ello, además del riesgo de contraparte (de mora por parte del tomador del crédito) también hay riesgo institucional. Eso sí debe ser regulado.

En contraste, el dinero que presta Mercado Crédito a priori sería propio. Eso implica que el BCRA ni siquiera debería meterse, dado que la decisión de la empresa acerca de a quién y cómo presta sus fondos no es de su incumbencia. Hacerlo sería como decirle a un consumidor cómo tiene que consumir o invertir sus bienes propios. Un delirio.

Por otro lado, en el caso Argentino hay al menos un 40% de la población que no está bancarizada, y MercadoLibre, dado que no requiere formalidades como sí lo hace un banco a la hora de abrir una cuenta y otorgar un crédito, puede acceder a un universo de personas a las cuales las instituciones financieras tradicionales no están llegando, con todos los beneficios sociales y económicos que ello implica.

Por último, nada impide a las instituciones bancarias a crear nuevas empresas donde presten fondos propios de la manera en la que Mercado Crédito lo hace.

En todo caso, bienvenida la competencia.

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