CARGANDO

Escriba para buscar

¿Podemos crecer por 20 años seguidos?

¿Podemos crecer por 20 años seguidos?

Iván Carrino
Compartir

En una de sus más recientes declaraciones, el Ministro de Hacienda planteó que se venía un crecimiento inédito para el país. En esta nota analizo si es posible alcanzar ese objetivo.

Empapado de un optimismo que pocas veces se le transmite a su cara, el Ministro Nicolás Dujovne afirmó en una entrevista reciente que se venían “20 años de crecimiento” para Argentina.

La frase sonó más a expresión de deseo que a pronóstico sobre el futuro.

No es para menos. Es que un período tan prolongado de variaciones positivas en la producción agregada (PBI) sería algo excepcional e inédito en la historia.

Si tomamos los registros prolijamente recolectados por Orlando Ferreres, encontramos que nunca, desde 1810, el país mostró un crecimiento de su PBI sostenido por 20 años.

El período de avance más prolongado de la historia, de hecho, se produjo entre 1855 y 1873, pero duró 18, no 20.

En concreto, los datos indican que desde 1826 que Argentina no crece de manera consecutiva por un período mayor a 15 años. Además, el último período donde hubo un crecimiento relativamente sostenido, se ubicó entre 1963 y 1974, pero se extendió solo por 11 períodos.

A partir de ese año, la Argentina ciclónica ocupó la escena y las crisis periódicas se convirtieron en nuestro “pan de cada día”.

Dada esta realidad, sin duda que la propuesta de Dujovne es más que atractiva. Ahora, ¿será alcanzable?

Tres motores del crecimiento económico

Si, como dice el gobierno, nuestra economía efectivamente crece por 20 años seguidos, entonces estaríamos frente a una importante mejora de nuestra calidad de vida. Considerando que la población aumenta al 1,1% anual, si el avance económico promedio del período fuese de 3%, el ingreso por habitante aumentaría 45%.

Si el crecimiento aumentase a 4,7%, en 20 años el ingreso per cápita se duplicaría.

Ahora para que esto suceda deben ponerse en marcha los tres motores del crecimiento económico. Y estos son los que mueven la oferta agregada. Es decir, el trabajo, el capital y la tecnología.

Cuando hablamos de trabajo no solo nos referimos a la cantidad de personas que están dispuestas a trabajar, sino también a la capacidad y habilidades que estas personas reúnen. Aquí no solo es crucial la cantidad de mano de obra, sino también su edad y nivel de educación.

Respecto del capital, hay que considerarlo de manera amplia, ya sea porque pensamos en una fábrica, una máquina específica, u otro tipo de recursos dedicados a la producción de bienes con valor para los consumidores.

Por último está la tecnología. Es decir, aquellas innovaciones en los modos de producir que permiten fabricar más con menos.

Para que la oferta se mueva, y la economía crezca, entonces, necesitamos progresos en el capital físico, en el capital humano y en la tecnología incorporada a los procesos de producción.

¿Arrancan o no arrancan?

La pregunta que tenemos que haceros es si estos motores efectivamente podrán ponerse en funcionamiento.

A nivel humano, existe consenso de que Argentina enfrenta una ventaja comparativa. A diferencia de los países europeos, por ejemplo, nuestra población es joven, por lo que todavía hay mucha energía dispuesta a agrandar el mercado laboral.

Sin embargo, este llamado “bono demográfico” choca con una muy mala calidad educativa (producto de programas educativos vetustos y sindicatos ultra-poderosos) y unas leyes laborales que conspiran contra el empleo.

En términos de capital físico, la decisión de incrementarlo depende del riesgo y la rentabilidad asociada. Un empresario no comprará una máquina si no ve retornos a futuro, pero tampoco si percibe que la inversión le llevará mucho riesgo.

En este marco, la presión tributaria y el riesgo país se vuelven indicadores clave. En el primer caso, sabemos que es asfixiante. En el segundo, el país viene mejorando, pero sigue siendo riesgoso.

En el último rubro, la tecnología, Argentina decididamente está mal parada. Somos un país tecnológicamente atrasado, que desconfía de la innovación, y donde el proteccionismo comercial mantiene alejadas las novedades tecnológicas.

He aquí un gran problema. Es que nadie espera que las innovaciones broten siempre “puertas adentro”. De hecho, una de las teorías que explica la convergencia en el crecimiento de los países emergentes es que, precisamente, pudieron aprovechar la tecnología desarrollada en otros lugares. Cuando aprovechamos el conocimiento que ya desarrolló otro, nos ahorramos gran parte del camino al éxito.

La pelota la tiene Cambiemos

La meta de crecer por 20 años consecutivos es verdaderamente ambiciosa. Si lograra cumplirse, sería digno de aplausos.

Sin embargo, los motores del crecimiento están averiados. Menos impuestos, nuevas leyes laborales y apertura comercial son necesarios para repararlos: ¿se animará el gobierno a encarar estos desafíos? ¿O quedará la frase de Dujovne en el cajón donde también están “el que apuesta al dólar pierde” y “estamos condenados al éxito”?

SUSCRIBITE AHORA AL NEWSLETTER DE CONTRAECONOMÍA

Tené en tu email todos los contenidos y mejorá tus decisiones de inversión

[form id=”194″]

 

Tags:
Iván Carrino
Iván Carrino

Iván Carrino es el analista económico de CONTRECONOMÍA. Edita El Diario del Lunes, el servicio de información económica y financiera más desafiante de Argentina. Te explica semanalmente cómo las decisiones de los políticos afectan tu bolsillo y tu libertad.

  • 1

Tal vez te puede interesar

2 Comments

Dejá un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *