La eterna dupla del déficit y el endeudamiento

Un mundo monetariamente incomprensible se ha convertido en un aliado formidable de la política económica del gobierno argentino.

Argentina tiene pendiente una corrección fiscal. Como ésta no llega, nos obliga a encontrar vías de financiamiento para un déficit agregado que hoy alcanza aproximadamente el 8% del PBI.

El oficialismo, ante la no-corrección, ha decidido acudir al mercado de deuda. Endeudarse no es gratis, menos aun cuando incrementar el stock de pasivos junto con los intereses que se devengan, distorsiona al resto de la economía. El principal síntoma en este sentido es un preocupante atraso en términos reales del dólar frente al peso.

Con caja no hay drama

Con caja: ¿cuál es el drama? En este bendito país, si hay caja, no hay crisis. En los próximos años cerraremos el gap con emisión de deuda.

Pero ¿después?

No me parecería descabellado imaginar un renaciente proceso de privatizaciones que, ante el agotamiento de la deuda como fuente de financiamiento, siga alimentando a nuestro voraz estado.

Espero que no ocurra, pero existe la preocupante posibilidad de no corregir ni en el corto plazo, ni en el largo plazo. Primero nos apalancaremos en deuda, y cuando eso se acabe, empalmaremos con potenciales privatizaciones.

Otra alternativa que sería sumamente deseable es que Argentina comenzase a crecer consistentemente a largo plazo, pero a esta historia me cuesta comprarla, dado lo inviable que somos todavía -al menos, en nuestra estructura fiscal y laboral.

La actual microeconomía argentina atenta ferozmente contra el crecimiento sostenido. Pero, de una u otra forma, sí habrá caja por un largo tiempo y Wall Street, principal emisor y comprador de bonos argentinos, lo sabe muy bien.

Lo que complica al peronismo es la posibilidad de que Cambiemos disponga de caja por muchos largos años, lo cual aumenta sustancialmente la probabilidad de supervivencia política para un país sumamente demandante de populismo no partidario.

Apetito por los bonos

Un VIX en mínimos y tasas en cero exacerban la demanda por bonos argentinos. El mayor nivel del VIX fue cercano a los 81, el 20/11/2008, semanas después de la quiebra de Lehman.

El menor valor del VIX estuvo en la zona de los 9.50, cifra que también tuvo por noviembre del 2006, justo antes del comienzo de la crisis subprime. Un VIX actual cerca de mínimos describe a un mercado muy optimista y, por lo tanto, buscador de cualquier historia que suene levemente razonable, entre ellas, la de los bonos argentinos.

Esta realidad tiene tres grandes cómplices: La Fed (Banco Central de USA), el ECB (Banco Central Europeo) y BoJ (Banco Central de Japón), los tres en una estancia históricamente acomodaticia a nivel monetario, que podemos denominar “tasa cero”.

Te endeudás a “tasa cero” y de golpe, te comprás bonos de Chaco, Jujuy o La Rioja, sin preguntar demasiado, ¿se entiende por qué, a pesar de todas las respuestas que todavía no podemos dar, el mundo seguirá demandando deuda argentina por un largo tiempo? En asset-management ser dramático o esquizofrénico, no paga.

Una tentación imposible de ignorar

Los principales bancos centrales del G-10 han generado una psicología del inversor en donde se descuenta que, ante el menor problema posible, la política monetaria actuará como sostenedora de los activos financieros. Esto tiene una clara consecuencia: el colapso de tasas de interés.

Lo que hoy estamos viviendo es la fase más agresiva de inflación de activos financieros que haya afectado a los mercados internacionales en toda su historia, siendo alimentada por los principales bancos centrales del mundo.

Probablemente estemos siendo testigos de la burbuja de activos financieros más enorme que ha observado la humanidad, para un mercado que, adicto a la política monetaria expansiva, no quiere ni por un segundo abandonar el actual status-quo.

Esto resulta en una clara oportunidad para la renta fija argentina: encontráme en el mundo algo que rinda cerca de Chaco, Jujuy o La Rioja. Este mundo monetariamente incomprensible que padecemos se ha convertido en un aliado formidable de la política económica del gobierno argentino.

Parecería que la estrategia actual del oficialismo es no generar ninguna corrección fiscal relevante y cerrar el gap de tesorería con emisión de deuda nacional y provincial. En este entorno, la curva de nuestro país, frente a la magra oferta del G-10, se convierte en una tentación imposible de ignorar.

Mi intención es remarcar con contundencia el apetito formidable que existe hoy en día para toda la curva de bonos argentinos. Más allá de los avatares y correcciones de corto plazo: no nos demandan por lo bien que estamos sino por el bajísimo retorno que ofrecen los bonos safe-haven.

Merecida confianza

Dos historias confluyen para alimentar semejante apetito. Primero, un mundo del G-10 virtualmente a tasa cero, obliga a buscar carry en mercados emergentes. Segundo, el gobierno de Macri es uno que genera un merecido shock de confianza en relación con el lastre K del pasado.

El mundo ha dado al gobierno del presidente Macri una gran cuota de merecida confianza y le está permitiendo endeudarse en escala y a tasas que, dada nuestra historia y realidad, son razonables, sin hacer una sola pregunta incómoda por el momento, dado que no podríamos responderlas.

Parecería que esta tendencia de permanente apetito por renta fija argentina permanecerá por largo tiempo al punto que, de a poco, y si el riesgo global aguanta, iremos convergiendo en spreads a nuestros vecinos más normales: Perú, Uruguay, Colombia y Brasil. No incluyo a Chile, porque los chilenos reestructuraron su economía en serio y con audacia en un proceso que les llevó 35 años.

La tracción local importa y existe, pero lo que hoy estamos observando en la curva argentina sería imposible si no tuviésemos como aliados a los tres bancos centrales más importantes del mundo alimentando la burbuja potencial más enorme que vivimos los humanos.

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