¿Mutación K contra el ahorrista local?

El régimen K nos acostumbró a un estándar tan bajo de calidad, que muchos aplauden el preocupante socialismo de la gestión actual. 

Deberíamos elevar la vara de exigencia para que este gobierno no se achanche, recordándole que mucho voto no es genuino, sino que sólo significa el rechazo a la opción kirchnerista.

Por lo tanto, es sumamente vulnerable.

Todavía no se empezó a resolver la madre de todos nuestros males, el gasto público en las nubes. Y mientras nos distraemos en condiciones de segundo orden, seguimos endeudándonos masivamente.

Seguimos insistiendo con la misma receta de siempre: queremos convencernos de que gastando en exceso convergeremos a un equilibrio de mayor riqueza, lo cual se contrasta con la realidad de las últimas siete décadas.

Los gobiernos se conocen cuando ganan

Desde octubre, estamos conociendo al verdadero oficialismo, uno que ha decidido permanecer inmutable en una estrategia de gasto sin corrección, de déficit sin achique y de endeudamiento externo en cantidad.

El gobierno tiene un razonamiento central falaz: pretende girar en torno a un drama no resuelto, exceso de déficit, y espera que la inercia lo solucione automáticamente.

La pérdida de eficacia en la política antiinflacionaria del BCRA es solo uno de varios síntomas. No reconocer errores básicos gana elecciones. El populismo debe ser para los funcionarios una tentación irresistible que les limita el pensamiento racional de corto plazo.

No basta con meter gente en cana, se necesita mucho más para encauzarnos hacia un sendero de equilibrio y no parecería observarse a un sólo político querer resignar sus múltiples privilegios.

Por pacto fiscal hubiera esperado un llamado a la austeridad, aspecto sumamente ausente en especial para un estado que está totalmente en bancarrota.

El gran ausente del acuerdo fiscal es la reducción del gasto, todo se toca, menos lo verdaderamente relevante, un clásico de Cambiemos.

Veo a la nación aplaudiendo, a los gobernadores festejando y me pregunto: ¿para una nación con un déficit del 10% del PBI, si todo lo público celebra, qué le espera al contribuyente?

No encuentro a una sola oveja o jubilado sonriendo, ¿será porque fueron condenados a pagar todo esto? ¿Cuántas cloacas en Provincia de Buenos Aires deberá financiar cada miembro del rebaño?

Sería muy útil como nación, que empecemos a controlar a este oficialismo ganador de elecciones, para evitar excesos del pasado, hasta los municipios ya están emitiendo deuda en dólares (Municipalidad de Río Cuarto, recientemente, por ejemplo).

Otra vez sopa

Detrás de cada cosa que hace este gobierno hay deuda externa.

Nada es económicamente genuino y, por lo tanto, la coyuntura actual se torna sumamente vulnerable. En vez de celebrar un rebote a puro shock de consumo y palanca, deberíamos ya preguntarnos por nuestra capacidad de repago de una deuda que no para de crecer y que vino a financiar un déficit que tampoco lo hace.

Si seguimos subestimando a nuestra voraz dominancia fiscal, corremos el riesgo de que este modelo no converja y si ello llegase a ocurrir, una versión extrema de populismo estaría al acecho. Al gobierno le pido entonces que deje de contarnos que nuestros dilemas se resuelven en piloto automático.

Es momento de asumir costos políticos que trasciendan a las ovejas y jubilados de siempre.

Para eso, señor presidente, y con todo respeto, usted ganó las elecciones. Cambie finalmente y dejemos de girar todo el tiempo como un trompo sobre el mismo problema irresoluto de siempre.

Unos pocos mantienen con su esfuerzo y trabajo a toda una tropa política camuflada en el estado y encima me dicen que lo debo aceptar porque de esa manera generamos un sistema tributario más justo al mismo tiempo que el poder judicial no paga impuesto a las ganancias. Estupenda subestimación a nuestra inteligencia ovejera.

¿Resabios K?

El arrebato a la seguridad jurídica dirigida hacia el ahorrista local y hacia los jubilados con un cambio en la fórmula de ajuste de sus prestaciones y movilidad, me obliga a preguntar: ¿qué va a quedar de la reparación histórica que se utilizó como slogan moral para justificar el blanqueo del 2016?

Este gobierno parecería tener una formidable vocación hacia el cambio de reglas, en especial hacia aquellos sectores que no están organizados para hacer quilombo y marchar a Plaza de Mayo.

Observo que al oficialismo no le basta con defaultear las condiciones preestablecidas en bonos a ahorristas locales mediante renta financiera o en la eliminación de topes previsionales aniquilando el ingreso disponible, sino que van además por las compañías de seguro en otra clara decisión anti-mercado: obligación de no poder seguir renovando Lebacs.

El regulador de turno te dice qué podés y qué no podés comprar, a esta historia la vi varias veces y nunca culminó en buen puerto.

El estado argentino está en rojo, así lo dejó el kirchnerismo, pero desde hace dos años no hemos hecho otra cosa que exacerbar una situación que ya era deficitariamente caótica apostando a una sola bala: que la suerte del rebote sostenido nos saque del agujero en donde estamos, casi por obra de la magia y nadie quiere hacerse la pregunta incómoda: y si eso no pasa, ¿qué hacemos?

Manotazo de ahogado

Los quebrados suelen comportarse todos de la misma manera, la improvisación y el cambio de reglas integran el menú de la bancarrota.

Desde el impuestazo a la renta financiera, sumando ahora a las compañías de seguro y jubilados, el gobierno ha ejercido un cachetazo inesperadamente kirchnerista para con el ahorrista local.

Estamos cometiendo las mismas macanas que una larga lista de predecesores, aspecto que me lleva a concluir preocupadamente que Peronia es un concepto que trasciende al peronismo. Siempre parecería que nuestros gobiernos encuentran un justificativo hacia la violación de contratos, aspecto letal si se pretende el desarrollo de un mercado de capitales que precisamente por haber sido atacado con este tipo de decisiones, es hoy algo primitivo e inexistente.

Sin embargo, para con los de afuera no se atreven porque si lo hicieran le llevarían el riesgo país por las nubes.

Lo hecho por este gobierno en los últimos días se acerca a los récords kirchneristas en términos de violación de contratos y ninguneo a la libertad de mercado: para mi decepción yo creía que esto ya era parte del pasado; pero me equivoqué, cambio en Argentina se sigue escribiendo con la letra K.

Mi único punto en común con este gobierno es mi resistencia al retorno K, en todo lo demás, no me representa absolutamente en nada.

 

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