Los tres cómplices de Mauricio Macri

Nuestra nación traccionará por muchos años sobre la base de una Argentina potencialmente mejor, pero a la vez, peligrosamente inexistente.

El “efecto Macri” es el descuento de una reelección de caras al 2019 y la prolongación de una propuesta de vida republicana que si bien sigue siendo marcadamente populista fortalece dimensiones referidas a mayor calidad institucional, a una razonable coherencia monetaria, y una coherencia generalizada en donde el grito vacío dio lugar a una forma calma, y respetuosa de trato hacia los argentinos.

Sin embargo, nuestra nación traccionará por muchos años sobre la base de una Argentina potencialmente mejor, pero a la vez, peligrosamente inexistente, basada en la expectativa de una mejora que, de darse, será costosísima.

La Argentina del hoy es indudablemente una menos peor que la pergeñada durante la década derramada. Sin embargo, nuestro sistema económico sigue mostrando las mismas raíces africanas definidas durante el kirchnerismo: somos una economía sumamente inviable distorsionada por un gasto público fuera de control, por carencia de inversión privada y presa de un sindicalismo arcaico.

La euforia debería dar lugar a la reflexión y a la realización de que nos esperan tres enormes décadas de esfuerzo. La historia nos está poniendo en la situación de ser la generación del “sacrificio intertemporal” que podría entregar un país mejor a la que sigue, sin gozar de la mayoría de sus efectos.

Los números de la euforia

La victoria electoral del oficialismo reactivó una tendencia secular muy favorable hacia activos argentinos iniciada desde el 2013.

Por entonces, la parte larga rendía 13%, cuando hoy lo hace debajo del 7%. El efecto sobre la parte larga de la curva argentina ha sido una significativa compresión de riesgo país, tendencia sumamente positiva que no creo haya culminado en estos niveles.

Recuerden, nadie paga lo que no cree, los mercados financieros votan todos los días y mediante la revelación de sus precios reflejan la realidad implícita en los mismos. De esta manera, la sustancial positividad con la que operaron los activos argentinos describe a una comunidad internacional que celebra el éxito electoral del presidente Macri.

Primer cómplice: Brasil 

Desde inicios de año Brasil en su parte larga ha comprimido spreads significativamente. De esta forma, que el mercado internacional esté premiando la decisión de reestructurar de parte del gobierno brasileño reaviva sustancialmente el apetito hacia dichos activos entre ellos, los bonos largos. Si Brasil sigue comprimiendo spreads, es probable que esa sola dinámica contagie a la Argentina acelerando aún más el comportamiento favorable de precios iniciado desde la victoria de Macri.

Segundo cómplice: la Fed

Luego de la victoria electoral de Trump, las tasas norteamericanas habían exhibido una fenomenal suba, sin embargo, a lo largo de los meses el “efecto Trump” comenzó a debilitarse y con ello las tasas retrocedieron gran parte de lo hecho inicialmente.

Esta realidad genera dos ventajas. Primero, tasas colapsadas en todos lados obliga al mercado a redireccionar flujos hacia activos de mayor riesgo y retorno, exacerbando el apetito a riesgo global convirtiéndose en un catalizador de este nuevo escenario político de Argentina.

Segundo, tasas así de bajas abaratan el costo de financiamiento de un país que se endeudará agresivamente por muchos años. Parecería que el entorno de tasas bajas seguirá por varios años convirtiéndose en un gran aliado del modelo implementado desde el oficialismo, un modelo muy vulnerable a shocks externos de índole negativa.

Tercer cómplice: un S&P históricamente optimista

Desde el mínimo de la crisis en marzo del 2009, el S&P ha generado un retorno superior al 260%. La dinámica del S&P ha sido acompañada por un colapso en riesgo percibido viendo al VIX retroceder desde sus máximos post-quiebra de Lehman de 88 a los colapsados niveles actuales.

El S&P es el motor de riesgo global y marca el apetito que el mundo exhibe hacia activos sujetos a incertidumbre entre ellos, Argentina. Una cosa es descontar el “efecto Macri” con un S&P batiendo máximos a cada rato y otra muy distinta sería valorizar el mismo resultado en un contexto de negatividad global.

¿Es posible funcionar por muchos años sobre la base de un país que no existe? 

Argentina enfrenta una multiplicidad de problemas generados durante décadas interminables de populismo. De la mano de una Reserva Federal históricamente laxa y con tasas en cero, ninguno de ellos representa un drama inminente, la Argentina de hoy es una con cierto tiempo para la reestructuración.

Sin embargo, nuestra historia nos ha demostrado una y otra vez que nos confiamos y nos olvidamos de que el tiempo en mercados financieros nunca es eterno, lo que hoy es complacencia mañana puede convertirse en cruel desaire.

Deberíamos utilizar esta ventana de paciencia que el mundo nos concede para comenzar a transitar un sendero paciente, pero al mismo tiempo indeclinable de reformas en las raíces en donde se fundamente nuestra ineficiencia e inviabilidad.

Los políticos opositores que hoy apoyan el endeudamiento y la utilización del mismo para financiar gasto corriente serán los mismos que atacarán al “despiadado capitalismo de Wall Street” cuando eventualmente, no haya recursos para devolver lo que hoy pedimos, tal como lo hicieron con el “histórico” aplauso de diciembre del 2001 en el Congreso.

El mejor freno hacia todo político populista es una sociedad comprometida y sumamente crítica que comprenda que la única forma de crecer en forma sostenida es mediante seriedad institucional y coherencia de largo plazo, factores indispensables para generar el único motor estable de incremento de salarios: aumentos de productividad, cualquier otra cosa que les cuenten, es verso.

 

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