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El despiste de Kicillof con los créditos UVA

El despiste de Kicillof con los créditos UVA

Iván Carrino
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La polémica por la UVA despertó un viejo mito.

Escuchando la radio, el martes por la mañana enganché una entrevista que estaba dando Axel Kicillof al programa de Ernesto Tenembaum, en FM 89.9.

Pocas horas atrás, el Diario La Nación había publicado una nota que mostraba las supuestas falencias de los créditos UVA, algo que el ex Ministro de Economía aprovechó para pegarle al gobierno desde sus redes sociales.

“Si sacaste hace 24 meses un millón de pesos, ya llevas pagados $240 mil. ¡Pero debés un millón y medio!”, sentenció.

No fue mucha la fortuna de Kicillof. Es que en el programa de radio, el columnista de economía, Jairo Straccia, estaba  bastante empapado del tema.

El diálogo entre ambos fue el siguiente:

Axel Kicillof: El primer punto es que, como todo el mundo sabe, los créditos UVA tienen dos cualidades. No solo la cuota aumenta por inflación, sino que la deuda te aumenta por inflación. Eso es lo que está resultando en una combinación explosiva.

Jairo Straccia: Axel, si tomaste el crédito en junio de 2016 (en marzo nadie lo hizo), hasta diciembre de 2017, por cómo se movió el salario en relación a la cuota del crédito, esa cuota que era 25% del salario, hoy es 23,5%. En ese caso, el riesgo explosivo no se dio…

AK: Bueno, ¿pero cuánto debés? ¿Cuánto te dieron y cuánto debés ahora?

JS: Axel, como vos fuiste Ministro de Economía, entendés la diferencia entre variables nominales y variables reales. Si vos tenías un capital de 1 millón de pesos, que aumentó un 50% desde ese momento, la inflación fue 63% como mínimo. Entonces, en términos reales, lo que estás debiendo no es más, sino menos que la inflación.

AK: Sí pero… A ver… cuánto… a ver…

Lo que Kicillof no parecía entender es que la cuota del crédito UVA aumenta precisamente porque el capital se ajusta por inflación. Sin embargo, en la medida que los ingresos del deudor vayan de la mano de la inflación, ese aumento en el capital nominal adeudado no representa ningún problema.

Si José debe 1 millón de pesos y tiene ingresos de $ 260.000 por año, su relación “deuda / ingresos anuales” será 3,8. Ahora bien, si la inflación ajusta el capital adeudado a 1,5 millones, y el salario aumenta en la misma proporción, la relación seguirá siendo 3,8.

Pero, además, dado que José durante el período en que hubo esa inflación canceló parte del préstamo, no debe lo mismo en términos reales, sino menos.

Obviamente que con inflación del 20, 22% o 25%, conviene acceder a un crédito que cobra 14% anual.  ¿Pero cómo conseguirlo?

Eso nos lleva a nuestro segundo punto.

Los bancos versus la gente

Una de las críticas que más repetía Kicillof durante su participación en el programa era que la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) se había lanzado no pensando en la gente que toma los créditos, sino en los bancos.

Para Kicillof, la UVA es algo “a medida de los banqueros, los cubre a ellos de la inflación, pero al que saca el crédito, vaya uno a saber…”

El mito de los bancos contra la gente está muy extendido y viene de muy lejos. Piénsese que los primeros economistas, anteriores a Adam Smith, estaban en general en contra de lo que consideraban “usura”, el hecho de prestar dinero y cobrar un interés por ello.

Ahora bien, criticar a los bancos por cobrar intereses equivale a criticar al médico por querer cobrar sus visitas.

Algo similar ocurre con el tema de la UVA.

La UVA no es otra cosa que una unidad de cuenta. Es como si fuera una moneda, pero que no tiene un valor nominal fijo, sino que va moviéndose con la inflación.

Esto es muy importante a la hora de dar crédito. Si el Banco le presta a José $ 100 y José se los devuelve en un año, por la inflación esos $ 100 tendrán ahora menor poder de compra. Sin embargo, si el banco le presta 100 UVAS y José se las devuelve dentro de un año, el poder de compra habrá permanecido inalterado.

Obviamente, dar un crédito en UVA preserva el poder de compra de quienes ofrecen la liquidez. Pero pretender que esto no sea así implica abogar por un sistema donde el deudor estafe permanentemente al acreedor.

Sin UVA no hay crédito

En la etapa previa a la aparición de esta unidad de cuenta creada por el Banco Central, los únicos créditos que había disponibles eran los hipotecarios con cuota y tasa fija, pero sin ajuste por inflación.

En dicho esquema, las cuotas se mantienen fijas a lo largo de la duración del crédito, pero caen en términos reales. Así, la inflación juega a favor del tomador del préstamo.

José termina pagando la cuota del departamento con el 10%, el 7% o el 5% de su sueldo.

Ahora dado que los bancos no son sociedades de beneficencia, y está bien que no lo sean, comenzaron a prevenirse de este riesgo. ¿Qué pasó entonces? Las cuotas para acceder a un préstamo se volvieron prohibitivas.

Según datos oficiales, para acceder a un crédito UVA se necesitan $ 27.500 de ingresos familiares, mientras que para acceder al crédito “tradicional”, se necesitan $ 67.900, 150% más.

Esto impactó en el stock de crédito hipotecario. En el año 2004, los préstamos hipotecarios representaban el 1,8% del PBI. 11 años de inflación y cuotas fijas más tarde, el stock había caído al 0,9%. Tras la llegada de la UVA, la cantidad de préstamos volvió a subir, y se ubicó en 1,2% del PBI en 2017.

O sea que los créditos que son “buenos para la gente” porque se van licuando con la inflación son sencillamente demasiado buenos para ser ciertos. Como implican estafar al acreedor, terminan desapareciendo. Exactamente eso es lo que pasó en la Argentina inflacionaria de Kicillof.

El crédito UVA obviamente protege a los bancos de la inflación. ¿Pero cuál es el problema? Ahora hay más incentivos a dar crédito y más capacidad de endeudarse.

Como siempre, en un intercambio libre, ambas partes ganan. Es básico.

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Iván Carrino
Iván Carrino

Iván Carrino es el analista económico de CONTRECONOMÍA. Edita El Diario del Lunes, el servicio de información económica y financiera más desafiante de Argentina. Te explica semanalmente cómo las decisiones de los políticos afectan tu bolsillo y tu libertad.

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