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 El doloroso despertar de un sesgo de confirmación de manual

Hace unos días me encontraba revisando las estimaciones de inflación del mercado. Para el mes de marzo se esperaba una inflación alta, en torno al 2%.

El jueves por la tarde, retornando de un viaje laboral, revisé la web de INDEC. La inflación sigue “sorprendiendo” al alza: la misma mostró una variación mes contra mes del 2,3%. Un número extremadamente alto, dado el contexto.

De esta manera, el alza acumulada en el año ya totaliza el 6,7% en tan solo 3 meses.

O sea, en tan solo 3 meses (25% del año) ya se consumió el 45% de la meta, seteada en 15% para este 2018.

Polémico.

Cabe mencionar que en el 2do párrafo puse “sorprendiendo” con comillas porque considero, a esta altura, esta tendencia no es -o al menos no debería ser- sorpresa para nadie. Como ya comenté en esta nota, la inflación que espero para este año es del 24%. Ergo, nuestras expectativas sobre el cumplimiento o no de las metas debería haber sido un tema zanjado largos meses atrás, no ahora.

Los motivos: resulta altamente irracional imaginar un escenario con una inflación del 15% en un contexto sesgado por un agresivo sinceramiento de tarifas, una tremenda sequía que azota al país, agregados monetarios creciendo en torno al 25% anual y una demanda de dinero en caída libre.

El 95% del mercado se comió el amague: caso de sesgo de confirmación de manual

Dentro del universo de las falacias, existe un tipo muy común, denominado sesgo de confirmación. Este tipo de falacia consiste en interpretar los hechos de manera tal que coincidan con preconcepciones que ya traíamos, y no necesariamente por las causas reales de los mismos.

Ejemplo en criollo: si yo fuera cabulero y, por ejemplo, realizara un acto de “cábala” antes de un partido de mi equipo favorito, y luego mi equipo ganara 5-0, entonces tendería a pensar que ese gran triunfo habría ocurrido debido a mi acto cabulero. Eso se trata -claramente- de una falacia, una interpretación sesgada de la realidad que vincula dos hechos de manera “causal” de manera incorrecta, cuando en realidad son total o casi totalmente independientes.

En concreto: que yo ejecute una cábala no tiene incidencia en el resultado de un partido.

Bueno, ahora que está claro el concepto, lo voy a utilizar para esbozar mi hipótesis sobre el motivo por el cual pienso el 95% del mercado y los analistas se “comieron el amague” de esta supuesta baja de la inflación. Baja que nunca ocurrió y nunca iba a ocurrir.

Lo que creo ocurrió fue lo siguiente: un caso típico de sesgo de confirmación a nivel macro-social. O sea, una interpretación incorrecta a nivel societario. Algo digno de diván.

En esta nota de noviembre 2017 te anticipé que el “voluntarismo monocomando” de Sturzenegger (ahora “bicomando”, dado que el titular del BCRA ha sumado recientemente a su repertorio este nuevo intervencionismo cambiario de corte peronista) no alcanzaba para desinflar el avance de los precios. Efectivamente, la realidad me está dando la derecha. De hecho, este es un punto que también esbocé en diciembre de 2017.

Sintetizando un poco, el punto que quiero te lleves es: la gran mayoría confundió el real motivo de la baja de la inflación, que pasó del 40% a 25% entre 2016 y 2017.

¿Cómo? Básicamente, como la desaceleración de la inflación se dio en un entorno de tasas de punta por parte del BCRA (que llegaron al 38% anual), una renovación institucional caracterizada por una mayor credibilidad y la auto imposición de metas de inflación -una práctica común en el mundo civilizado- el 95% de los analistas económicos, periodistas y el mercado en general pensó que el motivo de esta baja en el IPC era la efectividad del equipo económico. Nada más lejos de la realidad.

Lo que realmente ocurrió fue que, luego de algunos trimestres donde la economía sufrió el pass-through luego de la devaluación a inicios del ciclo macrista, que llevó a la inflación al 40% anual, los precios se desaceleraron naturalmente (tal como ocurrió en 2014 con la fuerte depreciación a manos de Kicillof).

Entonces, esta descompresión en el avance de los precios, fue malinterpretada como un resultado de la efectividad de las políticas y la credibilidad de BCRA. De hecho, de haber sido así, entonces ahora deberíamos estar asistiendo a una continuación del proceso de desinflación, cosa que no está ocurriendo.

Así, queda claro que, a grandes rasgos, el público en general fue víctima del famoso “sesgo de confirmación”, interpretando los hechos de manera errónea, para hacerlos cuadrar con lo que creían o tenían ganas de que ocurra: que finalmente haya un equipo económico serio y poderoso capaz de domar la inflación. Wishful thinking.

Pero como siempre, el tiempo termina tirando abajo los castillos de naipes y las expectativas que no guardan correlato con las posibilidades reales, dejando en claro, en este caso, que el “voluntarismo bicomando” de Sturze no alcanza para resolver problemas que responden a cuestiones técnicas, atadas a leyes y principios económicos bastante más profundos.

…¿Y ahora?

A la luz de los raquíticos resultados en materia de desinflación de precios, queda más en evidencia la mala praxis en torno a la intervención en el mercado cambiario de las últimas semanas, donde le BCRA “sacrificó” más de USD 2.000 millones para mantener al tipo de cambio en torno a los $20,50.

En el global, se puede decir que se han pagado costos económicos de moderados a altos por resultados más que insuficientes. Recordemos que el BCRA ha llevado las tasas, por ejemplo, al 38% anual durante 2016, y se ha inflado una bola de deuda cuasi pública de USD 56.000 millones (LEBAC) que devenga intereses por 26 o 27% anual para intentar contener la inflación, con lo que significa para las finanzas públicas y la actividad económica, sobre todo en 2016, cuando sufrimos una bruta recesión, en parte por las supertasas de Sturzenegger.

¿Qué hacemos con los pesos?

Para empezar, creo estamos yendo hacia un contexto donde el atractivo de las LEBAC, al menos con la curva de tasas en los niveles actuales, está en franco descenso.

Ya muy atrás ha quedado la tranquilidad de licitar LEBAC y saber casi con certeza que se obtendrían rendimientos en dólares de casi 2 dígitos. De todos modos, eso no implica no sean un instrumento relevante, y hasta muy atractivo para trades de corto plazo, por ejemplo, durante marzo-abril, mientras reine esta “pax cambiaria” artificialmente impuesta por la cabeza del BCRA.

Por otro lado, en este entorno caracterizado por un BCRA con una reputación que tiende a cero, los bonos largos soberanos se vuelven cada vez menos atractivos frente a los papeles análogos del resto de la región. Creo seguiremos viendo cómo se ensancha el spread relativo del riesgo argentino frente a otros países vecinos un poco más prolijos.

Por otro lado, cabe destacar que continúa siendo interesante el atractivo de los bonos atados a la inflación.

Por mi parte, recomiendo dejar de comprar los datos de las PPTs de los gabinetes oficialistas y ser más técnicamente sonantes en los fundamentos de nuestras estimaciones, para evitar caer en este tipo de errores infantiles que luego terminan generando situaciones indeseables cuando la realidad nos recuerda no estábamos en lo cierto.

 

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Juan Ignacio Fernandez
Juan Ignacio Fernandez

Es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y estudiante avanzado de la Maestría en Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella. Es el analista financiero de ContraEconomía y a su cargo están las recomendaciones de inversión de nuestro producto estrella: ContraInversiones. Juan trabajó como analista macroeconómico en diferentes consultoras y hace dos años fundó su propia empresa de asesoramiento, Oikos Bs. As, especializada en informes de macroeconomía, inversiones y real estate.

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1 Comments

  1. Cheapviagra 15 abril, 2018

    graciaspor el aporte