Destino: Puerta 12

¡Mujeres y niños primero!

Durante la campaña presidencial, cuando la inflación se movía en torno al 25% en términos anualizados, recuerdo haber escuchado a Mauricio Macri declarar que bajar la inflación iba a ser “lo más fácil”.

De hecho, ha llegado a decir públicamente lo siguiente: “a final del segundo año estamos en un dígito, estate seguro, esto es lo más fácil.”

Hoy, 2 años y medio de gestión macrista después, la inflación anualizada se ubica en el mismo 25%. Algo notable.

Si bien esto resulta anecdótico, es un elemento más que deja en evidencia la tremenda subestimación del problema actual (y también de aquel entonces), que a su vez explica en buena medida la lógica detrás de las severas inconsistencias del plan económico del oficialismo; inconsistencias que confunden y frustran a la gente, y, que, en buena medida, son las causas profundas de la última corrida cambiaria.

Empecemos…

¿Hubo o no hubo corrida cambiaria?

Si leíste atento, habrás notado que ya lo adelanté en la introducción de la nota: definitivamente lo que presenciamos se trató de una sustancial corrida cambiaria.

En primer lugar, lo que ocurrió con el tipo de cambio spot (ARS/USD) no deja ningún tipo de dudas:

Como se puede observar, el episodio fue doblemente grave: por un lado, el mercado tironeó como nunca antes, moviendo el tipo de cambio un 12% desde el 23 de abril; y por otro, este cimbronazo cambiario ocurrió a pesar de que el BCRA se desprendió de USD 5.300 millones en tan solo 7 rondas.

Los números son categóricos. Esto se trata de un episodio altamente disruptivo. Inédito durante esta gestión.

Cabe mencionar que esto también -obviamente- ha impactado sobremanera en la curva de futuros de dólar, dado que la curva de futuros es función del precio spot (hoy). O sea, cuando el precio de hoy se mueve, automáticamente la curva de futuros salta. Y eso fue lo que aconteció.

Básicamente, se llegaron a operar dólares a diciembre 2018 en $27, cuando hace sólo un mes se operaban en $23,3. Una diferencia del 15%.

Por otra parte, el sacudón, obviamente no se resumió al mercado cambiario, dado que ese exceso de demanda de dólares en gran medida tuvo origen en un desarme masivo de posiciones de LEBAC, hubo también un efecto sobre la curva de tasas.

En el peor momento la tasa del tramo más corto de la curva de LEBAC superó el 45%. El golpe que sufrieron los activos de renta fija nominados en pesos fue sublime.

Si pensamos que hace tan solo unos días, la tasa más corta de LEBAC se encontraba en torno al 26%, son casi 20 p.p. de aumento. Un empeoramiento repentino y colosal, que, más allá de que pueda ser revertido parcialmente en el futuro inmediato, deja entrever una fragilidad financiera notable.

A esta altura algo ya debería haber quedado muy claro: las tasas del mercado las determina el mercado, no Sturzenegger, ni Macri, ni nadie.

Causas profundas y detonantes

En primer lugar, digan lo que digan los analistas económicos y las PPTs de Estatua “Chocoarroz” Dujovne, la situación fiscal está empeorando. Los últimos datos consolidados de marzo revelan que el resultado financiero acumulado ha empeorado en un 30,5% interanual.

En otras palabras: en lo que va de 2018, el déficit (sumando todo) es 30,5% más alto que el registrado durante el mismo período de 2017, 5 puntos porcentuales por encima de la inflación, lo que indica que viene creciendo a una velocidad considerable en términos reales

¿El principal motivo? A pesar de que el resultado primario mejora, los intereses de la deuda crecieron un 106,6% interanual. Ergo, el hípergradualismo macrista no converge, sino que es explosivamente divergente.

En este contexto de divergencia fiscal, el fracaso en el proceso de desinflación y el creciente stock de LEBAC también suman leña al fuego.

El stock de LEBAC crece a una tasa virtualmente insostenible, alcanzando la friolera del 80% interanual -en promedio- para los últimos 3 meses.

O sea que tal como lo anticipamos, queda claro que es una bola de nieve que, encima en un contexto de sangría de reservas, como el de las últimas semanas, se hace cada vez más difícil de pagar. Esto suma todavía más dudas sobre los endebles fundamentos macroeconómicos actuales.

Por último, y aunque -de nuevo- muchos analistas e incluso el gobierno no se manifiesten al respecto, a este contexto se le suma un muy preocupante déficit comercial.

En 2017, el mismo totalizó USD 8.500 millones, el más alto en 23 años. Pero eso no es todo: para 2018 se perfila a ser incluso peor.

Detonantes

Los principales elementos que contribuyeron a dar vuelta las expectativas fueron tres:

En primer lugar, el 28-D: Como ya habrás leído hasta el hartazgo, la kirchnerización de facto ante el ojo público, llevada a cabo el 28 de diciembre de 2017 ha sido un punto de inflexión inapelable. Básicamente, el BCRA sufrió un embate por parte del ala política del gobierno, liderada por Marcos Peña. De esta manera, el mercado comenzó a desconfiar de la credibilidad del BCRA, apostando a un panorama económico con menores tasas, mayor depreciación y mayor inflación.

En segundo lugar, el impuesto a la renta financiera, que se efectivizó la semana pasada, se erige como otro error no forzado del oficialismo que contribuyó a la huída de LEBAC y otros activos del mercado financiero local, sumando todavía más presión al dólar.

Este impuesto, que carece de sentido económico, dado que su recaudación resulta ínfima, fue concedido para contentar a las voces populistas como las de Massa o Carrió, que por ignorancia y hasta mala fe, ruegan por medidas populistas que pueden sonar “bien” y hasta “justas”, pero en los hechos ponen más palos en la rueda de nuestra economía.

Es importante tener en cuenta que JP Morgan, probablemente el banco de inversión más importante de mundo -aliado del gobierno- ha desarmado su posición de LEBAC, en buena medida por este impuesto, lo que ha generado bastante ruido.

En tercer lugar, el ruido y la demora en torno a la Ley de Financiamiento Productivo, clave para que Argentina sea recategorizada como país emergente este año.
Las ideas y vueltas, y las trabas por parte de los sectores más populistas de nuestra política están frenando una ley que promovería el mercado de capitales local. Malas señales hacia el mundo exterior. Esto contribuye a bajar el precio de los activos de Argie.

Por último, el tema de la suba de tasas de los treasuries americanos y la apreciación del dólar americano frente a la gran mayoría de las monedas del mundo, lo que ha generado una salida de capitales de emergentes de manual, pero que -cabe aclarar- no explica semejante cimbronazo.

A lo sumo, deja al descubierto el castillo de naipes local. Por ejemplo, el resto de los países de LATAM ha sufrido una leve y controlable depreciación de sus monedas y suba del riesgo país, pero ningún evento del calibre sufrido por nosotros.

Nuestro problema es endógeno.

Puerta 12

El escenario económico actual es insostenible.

Si bien luego de los eventos del 3 de mayo se anunciaron algunas reformas y el mercado parece haber hecho una corrección técnica leve, que le da algún respiro al oficialismo, lo cierto es que hubo un punto de inflexión.

Tal como te anticipé en esta nota, 2018 será un año con una inflación más alta (piso del 25%) y un tipo de cambio bien de punta (empatando o ganándole a la inflación).

Argentina necesita una corrección sustancial, una mejora en sus fundamentos fiscales. Hasta el momento, casi todas las mejoras fueron fruto de cuestiones en torno a expectativas, y/o cuestiones vinculadas a variables nominales, como algunas subas de tasas, anclaje del tipo de cambio y esterilización de sobrante de pesos.

En criollo: mejoras cosméticas, efímeras, pero no estructurales.

Como ya sabemos, no se puede tapar el sol con la mano, y el sol indica que se viene la noche. Lo mejor que podemos hacer es prepararnos para ella, haciendo y apoyando los sacrificios necesarios para llegar de la mejor manera. En caso contrario, la próxima vez no tendremos una ruidosa corrida cambiaria, sino directamente un “Puerta 12”.

 

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