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Aprendiendo a surfear el revoltoso mar de Peronia

Aprendiendo a surfear el revoltoso mar de Peronia

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Una estrategia para enfrentar el sube-y-baja cambiario.

La elevada volatilidad es costosa, molesta. Eso es algo que aplica para toda la humanidad en sí, como especie, en todos los aspectos de la vida.

En términos generales, casi cualquier entorno de alta inestabilidad e incertidumbre consume recursos mentales y físicos a nivel consciente e inconsciente.

Es por eso que cuando estamos en lugares o contextos más predecibles, más amigables, donde todo funciona como se supone debería funcionar, tenemos una sensación de paz interna. Algo así como un estado “zen”, y, por ende, nuestra agudeza mental se ve incrementada.

Por ejemplo, ahora estoy yendo en un tren de alta velocidad desde Barcelona a París, donde la conexión de wifi funciona mejor que en mi casa de Buenos Aires, luego de haber tomado un muy placentero subte a 2 cuadras del alojamiento para luego bajarme en una estación que combina directamente con la estación de tren, donde presentando un código QR y sin colas subí a un más que confortable tren.

Suave como la seda, algo que claramente no ocurre cuando nos tomamos el tren San Martín un día de semana en La Ciudad de la Furia.

Entonces, podemos decir que la volatilidad generalmente impacta sobre nosotros en forma de impuesto o “tax”.

Así, cuando la volatilidad es de índole “atencional”, entonces el tax es mental, disminuyendo nuestro rendimiento cognitivo. Por el contrario, cuando la volatilidad es económica, entonces la penalidad también será de índole económica.

Para no extender demasiado la introducción: en esta nota te voy a contar como surfear parte de la volatilidad cambiaria en un país como Argentina, una volatilidad que, además de ser no deseable, por definición, puede acarrear fuertes dolores de cabeza, sobre todo cuando están implicadas operaciones con grandes sumas de dinero.

La dinámica cambiaria es función del ciclo político

Te lo resumo sin vueltas: en Argentina, y particularmente en años no-electorales, hay que cubrir nuestros pesos o futuras compras de bienes nominados en moneda extranjera con futuros de dólar.

Esto se ve muy claramente en el siguiente gráfico, que muestra el manoseo del mercado cambiario por parte de los políticos de turno, quienes lo hacen en función de sus necesidades políticas. En criollo: para ganar elecciones.

Como se puede observar, la estrategia populista de los distintos gobiernos generalmente siempre es la misma: pisar el tipo de cambio en años electorales (2013, 2015, 2017), para mejorar el humor social de cara a las urnas.

El “lado B” de esto es que esto también implica una sobre-corrección al año siguiente, durante el año no-electoral (EJ: 2014, 2016, 2018). En criollo: todo lo que atrasaste o no corregiste intencionalmente en el año electoral, generalmente es corregido al año siguiente.

Y todo junto. Una maravilla.

Entonces, si a esta altura te parece obvia y predecible esta estrategia económica para maximizar chances electorales, te comento que, a pesar de haber sido repetida hasta el cansancio, tanto por este gobierno como por los anteriores, lo cierto es que, revisando los números, sigue dando mucho resultado.

O sea, poniéndonos en los zapatos de los “Durán Barba” de los diferentes políticos que pasan y han pasado por el Estado, no existe ningún motivo racional -al menos desde una mirada de corto plazo- para dejar de apelar a dicha receta.

Entonces, dado que los políticos repiten esta fórmula una y otra vez, insuflando volatilidad macroeconómica, nuestra respuesta racional debería ser la de suavizarla utilizando distintos instrumentos financieros. En el caso de la volatilidad cambiaria, la misma debería ser mitigada sistemáticamente utilizando futuros de dólar.

¿Qué son y cómo se utilizan los futuros de dólar?

En términos generales, los futuros son instrumentos financieros diseñados para mitigar la incertidumbre sobre el precio futuro de algún bien. Eso incluye al mercado de divisas -y, por ende, al dólar- como también al precio de los commodities.

Por ejemplo, el trading de futuros es una práctica con mucha penetración en mercados desarrollados.

Para que se entienda mejor: contratos de dólar futuro son contratos donde uno se asegura un tipo de cambio a una determinada fecha futura. Por ejemplo, hoy podríamos comprar un contrato para la compra de dólares para Octubre a una cotización de ARS 30. En caso de que el tipo de cambio spot (o sea, de mercado) para ese entonces sea, por ejemplo, de ARS 32, entonces nos pagarán esos ARS 2 de diferencia por cada contrato que hayamos comprado. Si compramos 10 contratos (cada contrato es de USD 1.000), entonces, habremos comprado el equivalente a USD 10.000. En ese caso, si efectivamente el tipo de cambio llegara ARS 32, entonces a fines de Octubre (mes del ejemplo), habremos acumulado una diferencia a favor de ARS 40.000, como producto de hacer esta cuenta:

($32-$30) x 20.000 (contratos) = $40.000.

Como resultado, habremos lockeado o fijado una cotización, despejando los nubarrones de incertidumbre.

Obviamente, en caso contrario, donde el tipo de cambio spot termine siendo menor al que nosotros fijamos a través de un futuro, entonces ahí tendremos que poner la diferencia.

Pero como, justamente, el objetivo era fijar un tipo de cambio y ya dormir tranquilos, no nos debería importar demasiado. Se supone que cuando uno entra a un tipo de cambio futuro, uno entra porque “está OK” con ese tipo de cambio.

Timeando la coyuntura argentina

Habiendo comprendido la coyuntura cambiaria argentina, y la naturaleza de estos contratos futuros, entonces, lo que queda es timear cuando entrar y salir.

Por ejemplo, si el patrón cambiario se repitiera a futuro -algo que a priori luce totalmente esperable- entonces deberíamos hacernos de futuros “largos” (o sea, a 6 meses o más) a mediados de 2019.

El motivo: básicamente, uno esperaría que el tipo de cambio sea planchado en 2019, y, como el tipo de cambio futuro es función del spot, un spot “planchado”, entonces los futuros también debieran plancharse.

(Aclaración técnica: el futuro depende del tipo de cambio hoy -spot-, por eso es que cuando salta el spot, también lo hace el futuro. Para verlo más claro: cuando el tipo de cambio salta, también lo hacen las expectativas del tipo de cambio futuro).

Así, y esperando otra abrupta devaluación en 2020, luego de las elecciones, habríamos “comprado barato” en 2019, pudiendo vender “caro” durante el período post-elecciones. Otra maravilla.

Otros usos y costumbres

La buena noticia: operar con futuros es una práctica muy barata, que puede ser ejecutada, además de con fines especulativos -como describimos hasta ahora- con fines de cobertura o hedging.

Por ejemplo, hace unos pocos meses, por la abrupta devaluación del peso, muchas operaciones de compra-venta de inmuebles se cayeron. Básicamente, debido a un descalce de monedas, ya que las operaciones están atadas al dólar, pero los créditos UVA están en pesos.

En su momento, el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires calculó que se cancelaron alrededor de un 30% de las que estaban a punto de cerrarse. Una tragedia.

Pero lo cierto es que esto pudo haberse evitado con el correcto uso de estos futuros. En esos casos, lo recomendable hubiera sido comprar contratos futuros por un monto equivalente al de la propiedad, por lo que, al momento de concretar la operación, si el tipo de cambio se hubiera disparado (cosa que ocurrió), los mismos contratos habrían pagado la diferencia a estos aspirantes a propietarios, evitando los serios dolores de cabeza que seguramente sufrieron.

Como se puede observar, entonces, estos bichos “financieros” resultan altamente recomendables para surfear el revoltoso mar de Peronia, en múltiples situaciones.

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Juan Ignacio Fernandez
Juan Ignacio Fernandez

Es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y estudiante avanzado de la Maestría en Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella. Es el analista financiero de ContraEconomía y a su cargo están las recomendaciones de inversión de nuestro producto estrella: ContraInversiones. Juan trabajó como analista macroeconómico en diferentes consultoras y hace dos años fundó su propia empresa de asesoramiento, Oikos Bs. As, especializada en informes de macroeconomía, inversiones y real estate.

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1 Comments

  1. Graciel 4 agosto, 2018

    ¿Peronia?
    ¿No sería más bien PROnia?