CARGANDO

Escriba para buscar

Devaluación en argentina, los últimos movimientos

Devaluación en argentina, los últimos movimientos

Contraeconomia
Compartir

El país no se ha destacado por reponerse rápidamente de los sobresaltos de una economía inestable. El fantasma de la devaluación en Argentina nos atacará por un largo tiempo más, y para ser precavidos bastará con mirar la devaluación del peso argentino en historia, además de conocer cuáles son los pasos en el presente y analizar cómo las entidades financieras pronostican el clima económico en un futuro.

 

Estamos experimentando la plenitud de la crisis económica más fuerte que haya vivido el país. Algunos dirán que hemos vivido peores mareas, pero lo cierto es que esta tiene el poder de dejarnos atónitos y silenciados esperando un prometedor cambio que parece no llegar, al menos sin que el golpe de la devaluación en Argentina termine por demostrar cuánto se pagan los años de gracia.

Los índices nos exponen en el peor momento, sin embargo, el termómetro social parece estar buscando el constante equilibrio. No se trata de que la gente no quiera salir a la calle, sino que ya ni siquiera confía en los representantes intermedios, aquellos que los representan frente a los nichos laborales que abrazan.

Mientras el gobierno continúa con una negociación estrecha con el Fondo Monetario Internacional, se ajustan las tuercas de un Ministerio de Hacienda modificado sobre la marcha y el presidente de la nación se pasea por las galerías financieras del mundo en búsqueda de inversores, los bonos argentinos se menosprecian y vencen con poco y nada, más el dólar redefine la política económica local, y el peso…

La devaluación del peso argentino en el 2018 probablemente no esté en el mismo escalón en el que estuvo el peso o los australes, y mucho menos, durante la tiránica época del patacón. Hoy la devaluación argentina nos hace creer que tenemos que pagar por la época del uno a uno y por doce años de gracia popular.

“A jorobarse” se escucha, hablando mal y pronto, en los pasillos de Hacienda. Hoy nos toca sentir el aroma de una argentina que parecía estable pero que en verdad era una bomba a punto de estallar.

La peor inflación de todas

La devaluación argentina está haciendo estragos increíbles. No hay forma de conseguir que las miradas optimistas lleguen desde todas partes del mundo, cuando el mismo Fondo Monetario Internacional nos avecina la peor inflación de todas.

¿Cómo nos ve el mundo hacia un futuro cercano? Para respondernos eso, tenemos que ver cómo mira la economía política de la Argentina el Fondo Monetario Internacional, entidad que desde su cúpula en Washington rige con frialdad las medidas que una nación debe tomar para salir de una crisis, para soportar o para transitar. Ciertamente, al FMI no le interesa que salgamos ilesos, sino que paguemos por lo que pedimos.

En esas, la inflación se dispara y eleva el índice del riesgo país, la deuda pública sube a la balanza de la economía interna y la devaluación de la argentina en 2018 genera el sísmico movimiento de los que tienen el poder de levantar todo e irse, antes de que se abran las tierras.

Veamos en este gráfico publicado la semana pasada por el diario de tirada nacional, Clarin:

Se puede ver que, según el Fondo Monetario Internacional, la devaluación del peso argentino en 2018 está dejando al país dentro de los siete lugares con mayor inflación. El porcentaje varía cada semana, pero asusta interpretar que sólo dos países latinoamericanos se posicionan en esa escala, y uno de ellos es Venezuela, del que, por decirlo mal y pronto, tiene un final anunciado desde hace un tiempo.

La devaluación del peso argentina: Su historia

La moneda argentina sufre uno de los síntomas de una enfermedad que es la más difícil de erradicar en cualquier país: la devaluación local. ¿Qué significa esto? Es la base de toda devaluación, cuando el mismo ciudadano ya no confía en la moneda de uso corriente y busca reemplazarla por una de mayor estabilidad y que le otorgue un beneficio en un futuro no muy lejano.

La devaluación argentina desde 2014 ha sido tan fuerte, pero singularmente no tan ignorada; se podría decir, y sin llegar a los lugares comunes, que tarde o temprano estaríamos caminando por la alfombra gastada tal y como ahora está pasando.

La hiperinflación que hizo explotar en pedazos el gobierno de Raúl Alfonsín, y que tuvo marcado seguimiento durante la primera estación del gobierno de Carlos Menem, en donde los precios subieron de forma inédita, no hace mella respecto a lo que estamos viviendo con la devaluación del peso argentino hoy.

Mientras en aquel entonces muchos celebraban la salida de la hiperinflación, este movimiento fue acompañado de una suba de precios increíble que escaló hasta el 84%. Como consecuencia del oasis de la convertibilidad en donde creímos ver agua en el desierto, llegó el doloroso 2001 con la imagen del helicóptero dejando miles de manifestantes en una plaza de mayo estallada, y un país en ruina económica. No sólo llegaría la devaluación del peso argentino que en historia sería el hito que más nos marcó, sino que las altas cifras terminaron con consecuencias aún peores con un país tocando el default.

¿Te acordás cuando de un día para el otro el peso argentino dejó de tener valor? ¿Cuando no podías retirar más de una cifra dada del cajero? ¿Cuando las cajas de seguridad habían sido bloqueadas para su acceso? ¿Cuando perdimos la intimidad económica y la capacidad de ahorro?

El fantasma del 2001 terminó, pero dejó huella y mucho miedo. La inflación llegó al 40,9% entonces, mientras que en lo que va del 2018 tocó el 10,5%. El gobierno kirchnerista, especialmente el de Cristina Fernández, no dejó de experimentar la devaluación argentina tal y como venía sintiéndose. Pero claro, entonces los números de la inflación estaban más desinflados de lo normal, no sabíamos la verdad, y hoy el país sigue remando un mar de deudas que, supuestamente, dejó un país que venía de la reconstrucción popular.