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¿Qué pasó con los que sacaron un crédito UVA?

¿Qué pasó con los que sacaron un crédito UVA?

Iván Carrino
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La devaluación deteriorará la relación cuota-ingreso de los deudores, pero no de manera significativa ni fuera de lo previsible.

En un hipotético país en una hipotética era futura, se da la siguiente situación.

Juan solicita un crédito por $ 10.000 que se compromete a pagar 1 año después con un interés del 10%. Tras dicho período, la inflación fue del 20% y el salario de Juan evolucionó de manera similar.

Hablando con una amiga, Juan le cuenta del gran negocio que acaba de realizar:

Mirá Julieta, tomé un crédito por $ 10.000, un año después tenía que pagar $ 11.000, pero gracias a la inflación, esos $ 11.000 valen mucho menos que antes, ¡soy un genio!

Del otro lado del mostrador está José, quien otorgó el préstamo.

Mirando su “libretita”, observa que en el año 2034 entregó $ 10.000 a Juan, pero en el año 2035, cuando Juan devuelve el crédito más los intereses, esos $ 11.000 compran un 8% menos que los $ 10.000 iniciales. La inflación no prevista le hizo perder dinero.

Dado este escenario, podemos intuir qué va a suceder al año siguiente.

Muchos, como Juan, querrán acceder a dichos préstamos, mientras que habrá muy pocos dispuestos a otorgarlos.

Finalmente, créditos de este tipo –que se licúan con la inflación- tenderán a desaparecer.

Argentina y el crédito hipotecario

El caso anterior describe bastante bien lo que sucedió con el crédito hipotecario en Argentina. Tras la fuerte devaluación del año 2002 y el posterior aumento de la inflación durante el período posterior a 2003, este tipo de préstamos comenzó a caer en términos del crédito total otorgado al sector privado.

Es que, previsiblemente, si el acreedor piensa que se va a licuar el monto que presta, entonces estará cada vez más exigente a la hora de otorgar un crédito. Finalmente, estas exigencias deprimirán la demanda y el total de préstamos caerá.

Frente a este escenario de deterioro es que apareció la UVA.

La UVA, Unidad de Valor Adquisitivo, no es más que una unidad de cuenta, algo así como una nueva moneda, o un índice, cuyo valor se actualiza con la inflación.

Si yo tengo una UVA que vale $ 10, y en el año la inflación es 20%, entonces a fin de año mi UVA valdrá $ 12.

Es útil pensar en la UVA como un bien  tangible, como si se tratara de una cantidad de ladrillos o bolsas de harina, cuyo precio sigue exactamente a la inflación.

Si usamos esta idea en el ejemplo con el que abrimos la nota, entonces Juan no habría tomado un préstamo de $ 10.000, sino un préstamo por 100 UVAS/Ladrillos (suponiendo que la UVA vale $ 10), y debería devolver al final del período, esas 100 UVAS/Ladrillos más el interés.

Si este fuera el caso, no tendría que  pagar $ 11.000, sino $12.000 más el interés del 10%. En este escenario, Juan no habría podido licuar el valor de su deuda, pero José no habría perdido capital producto de la inflación.

En resumen, la unidad de cuenta indexada lo que hace es proteger de la inflación el valor de lo prestado. Por tanto, aparecen nuevamente incentivos a prestar.

Deudores UVA hoy

Hace dos días, en la pantalla de C5N se presentaron dos personas que decían haber sido “estafadas” porque sacaron un crédito UVA. De acuerdo con su relato, ellas habían pedido el crédito asumiendo que la inflación iba a bajar y que su salario le ganaría a la suba de los precios.

Sin embargo, dado que este año la situación no es tal, necesitaban un “salvavidas”.

Estas dos mujeres representan a un grupo de alrededor de 1.200 individuos quienes han armado un grupo de Facebook llamado “Defendamos la mejora del UVA”. Por lo que pude investigar, apoyan el proyecto de una diputada de Nuevo Encuentro, que pide que la UVA no se actualice por inflación, sino por la suba de los salarios.

Lo primero que debe decirse es que el crédito UVA no se trata de ninguna estafa. Como decíamos anteriormente, al actualizarse por inflación, el crédito UVA no permite que la deuda se licúe, preservando al acreedor.

Curiosamente, una estafa constituiría la aprobación del proyecto que este grupo defiende. El acreedor prestó el capital porque asumía que se iba a ajustar a la evolución de los precios. Cambiar sobre la marcha el contrato para que se ajuste a los salarios implicaría una mejora para los deudores, pero en perjuicio del acreedor.

El segundo punto es analizar qué tan mal está quien tomó un crédito UVA. Para hacerlo, decidí actualizar una nota de hace algún tiempo, incluyendo supuestos de deterioro del salario real mucho mayor a los incluidos inicialmente.

El resultado no parece tan terrible.

Asumiendo que el deudor tomó un crédito hipotecario UVA en enero de 2017 por $ 1.280.000 para comprar una casa de USD 100.000, que su relación cuota/ingreso en el momento inicial era del máximo recomendado de 25%, y que este año la inflación termina en 47% y que los salarios solo suben 22% (escenario súper pesimista), entonces la relación cuota/ingreso a fin de año habrá pasado del 25% al 29%.

*En rojo los datos estimados.

Mucha gente, al ver estos resultados, sugiere que lo importante  es el monto total adeudado en pesos. Sin embargo, ese dato no es relevante. O sea, el monto total en pesos puede aumentar, pero también aumenta la corriente de ingresos futura en pesos del deudor y el valor de la propiedad adquirida.

En el análisis se observa que incluso asumiendo que la propiedad comprada por USD 100.000 cae 20% en dólares por la devaluación, su valor en pesos habrá pasado de $ 1.620.000 a $ 3.294.000.

Últimas consideraciones

¿Convenía sacar un crédito UVA en 2017? Si uno estaba dispuesto a destinar el 25% de sus ingresos por entre 20 y 30 años a pagar la cuota, con un margen suficiente para que ese ratio suba o baje frente a eventualidades como la que se está viviendo este año, entonces sí. Querer modificar las condiciones del contrato porque ahora la relación cuota ingreso se deterioró, no es razonable ni justo.

Ahora bien: ¿conviene hoy sacar un crédito UVA o uno “tradicional”? La respuesta es la de siempre. Todos queremos licuar nuestras deudas, pero eso tiene un precio.

Un  crédito UVA como el del ejemplo planteado aquí hoy exige una cuota inicial de $ 22.400 (en lugar de los $ 8.500 de enero de 2017). Ahora la cuota de un crédito tradicional para el mismo monto está en nada menos que $ 52.800.

Claramente, la suba del dólar y el aumento de las tasas de interés encarecieron el acceso a un crédito UVA. Sin embargo, lo mismo pasó con los créditos “licuables”, y hoy, como antes, siguen siendo de mucho más restringido acceso.

Los créditos UVA no son ni buenos ni malos. Son un contrato entre privados que, si ellos lo ven como beneficioso, entonces así lo son para ambas partes. No es justo que una parte ahora quiera vulnerar dicho contrato, cambiando las condiciones iniciales con la fuerza de una ley.

Hay que hacerse cargo de lo que uno firma, no pedir el salvataje del estado a la primera de cambio.

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Iván Carrino
Iván Carrino

Iván Carrino es el analista económico de CONTRECONOMÍA. Edita El Diario del Lunes, el servicio de información económica y financiera más desafiante de Argentina. Te explica semanalmente cómo las decisiones de los políticos afectan tu bolsillo y tu libertad.

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