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El día que Sandleris conoció a Mises

El día que Sandleris conoció a Mises

Iván Carrino
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Una conversación entre el presidente del Banco Central y uno de los más notables economistas del Siglo XX.

Hace unos días, en una dimensión desconocida, el actual presidente del Banco Central, Guido Sandleris, se encontraba caminando por los pasillos de una enorme biblioteca. Tras andar unos minutos mirando libros y libros, se detuvo un segundo a mirar a lo lejos.

Allí estaba parado un señor muy elegante, de avanzada edad, que pensaba en voz alta y repetía lo siguiente:

Es necesario comprender que la política económica de los que se llaman progresistas no puede prescindir de la inflación. Nunca aceptarán una política de moneda sana, porque no pueden hacerla. Les es imposible abandonar su política de gasto público deficitario.

Como el tema de la inflación preocupa especialmente a nuestro funcionario, se acercó rápidamente al hombre, y cuando lo tuvo cerca, le dijo:

– ¿Ludwig? ¿Ludwig von Mises, es usted?

– Hola… Sí, él mismo, ¿quién es usted?

– ¡Pero, qué sorpresa! ¿cómo le va? Soy Guido Sandleris, economista de Argentina y actual presidente del Banco Central. Justo en este momento estamos en medio de un lío infernal. Tuvimos por 12 años un gobierno totalmente inflacionista… Después ganó Macri, un presidente que parecía más razonable, pero con la inflación nos fue pésimo… recibimos el país con 25% y este año apuntamos a cerrar con 47%… Es por eso que me designaron a mí.

– No me diga que usted es presidente del Banco Central de Argentina. Conozco ese maravilloso país. De hecho, lo visité en junio del año 1959. Ustedes hacía 4 años que habían salido del gobierno de Perón, que, por lo que me comenta, era bastante similar a lo que pasó en los últimos años. ¡Qué decepción, no cambian más!

– Sí, verdaderamente increíble Dr. Mises. Ahora la verdad que estamos preocupados con el tema de la inflación. Además, el dólar subió más de 100% este año, fue un momento de verdadera desesperación. Pero yo, junto con el Fondo Monetario Internacional, ideamos un plan para terminar con ella. Desde octubre que no emito un solo peso más. Nada, cero, ni una moneda.

– Ah pero mire usted, qué interesante. Escribí sobre ese tema en 1953, cuando en Estados Unidos publicaron mi trabajo “La teoría del Dinero y el Crédito”. Ahí agregué un epílogo, llamado “Reconstrucción Monetaria” donde prescribo qué deben hacer los países para retornar a una moneda sana.

– ¡No me diga! ¿Y qué decía ahí?

– Bueno, me enfoqué especialmente en países “pobres”, lo que quiere decir que sus ingresos medios son inferiores al promedio del ingreso de un norteamericano o un suizo, así que creo que aplica bastante al caso de Argentina.

– Sí, claro, a veces nos creemos suizos, pero la verdad es que no tenemos ni la mitad de su ingreso per cápita. Pero continúe por favor, ¿qué tengo que hacer para calmar al dólar?

– Bueno, allí lo que sostenía era que desde el punto de vista de la técnica monetaria, la estabilización del tipo de cambio de una moneda nacional, por monedas extranjeras menos infladas o por oro, es asunto sencillo. El paso preliminar consiste en abstenerse de cualquier incremento ulterior en el volumen del circulante doméstico. Este acto detendrá desde luego el alza en los tipos de cambio. Después de algunas oscilaciones aparecerá un tipo de cambio más bien estable…

– ¡No me diga! ¡Eso es fantástico! De hecho, nosotros establecimos una regla, que implica que, a partir de octubre de este año, mantenemos la base monetaria congelada al mismo nivel que tenía, en promedio, en septiembre. Y, por ahora, venimos cumpliéndola.

– Ah pero muy bien, ahora cuidado. Porque esta estabilidad no puede durar indefinidamente. En tanto que en el exterior continúa aumentando la producción de oro o la emisión de dólares, Argentina ahora poseerá una moneda cuya cantidad se encuentra rígidamente limitada. En estas condiciones, ya no puede prevalecer una plena correspondencia entre los movimientos de los precios de las mercancías en los mercados argentinos y los que ocurren en los mercados extranjeros. Si los precios en oro o en dólares van en ascenso, los precios expresados en pesos se quedarán atrás o inclusive bajarán. Esto significa que la paridad del poder adquisitivo está cambiando. Surgirá una tendencia al fortalecimiento del peso expresado en oro o en dólares.

– Si no lo interpreto mal, usted me está diciendo que tenga cuidado con el famoso “atraso cambiario”, ¿verdad?

– Bueno, esa fraseología moderna no la domino bien, pero creo que sí. Usted no puede castigar a los exportadores apreciando artificialmente la moneda.

– Ningún problema. Porque para eso tenemos las bandas cambiarias.

– ¿Y de qué se trata eso?

– Le explico: si el dólar llega al piso de la banda, que a partir de enero será de $ 37,12, nosotros vamos a comprar dólares hasta USD 50 millones  por día, para evitar que éste caiga demasiado. Eso cuidando siempre de no excedernos en la compra, porque tampoco queremos inundar de pesos la calle, usted entiende.

– Interesante, aunque no estoy tan seguro del esquema. Para mí, lo que hay que hacer una vez que el dólar se estabilice es tomar el tipo de cambio que hay en el mercado y fijar ahí una nueva paridad legal entre el peso y el dólar. La convertibilidad incondicional en dólares, a este tipo legal, de todo peso de papel y viceversa, ha de ser en lo sucesivo el principio fundamental.

– Pero Dr. Mises, eso ya lo probamos en los ’90 y no funcionó.

– Cuidado querido Guido, el problema nunca fue la convertibilidad, sino las políticas fiscales insostenibles de los gobiernos de Menem y De La Rúa.

– Profesor, no sabía que estaba tan empapado de la realidad local…

– El gobierno argentino sabe muy bien que todo lo que necesita hacer a fin de impedir que el peso se deprecie más es reducir los gastos en exceso de sus ingresos que financia mediante la inflación.

– Y claro, pero eso nunca ocurre. Aunque ahora estamos en camino, al menos acordamos eso con el FMI.

– Es muy importante conseguirel equilibrio, porque si no, las reformas monetarias se quedan en la nada. Verá: el actual estado poco satisfactorio de los asuntos monetarios constituye un resultado de la ideología social que han abrazado nuestros contemporáneos y de las políticas económicas que engendra esta ideología. La gente se queja de las consecuencias inevitables de la inflación, pero se oponen obstinadamente a cualquier intento para poner fin o para restringir los gastos deficitarios. La reforma que se propone en el sistema monetario y el retorno a condiciones monetarias sanas, presuponen un cambio radical en la filosofía económica. No puede ser cuestión del Banco Central solamente mientras que el despilfarro, la desacumulación del capital y la corrupción constituyan características sobresalientes de la forma como se manejan los asuntos públicos.

– No puedo hacer otra cosa que coincidir. Muchas gracias Luwdig von Mises por esta interesante charla. Me voy al Banco Central.

– De nada, ¡y mucho éxito!*

*La mayoría de los párrafos en donde “habla” Ludwig von Mises son transcripciones mínimamente adaptadas de su “Reconstrucción Monetaria”, publicado originalmente en 1953 en inglés, y publicado en español por la Revista Libertas N°39 de ESEADE. Puede leerse completo haciendo clic aquí. Las intervenciones de Sandleris son, claro, producto de mi imaginación, pero basada en hechos reales.

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Iván Carrino
Iván Carrino

Iván Carrino es director de Iván Carrino y Asociados, una consultora especializada en economía y finanzas. Además, es Subdirector de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Es Licenciado en Administración y doble Máster en Economía.

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