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El lobby industrial exige privilegios

El lobby industrial exige privilegios

Iván Carrino
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La Unión Industrial Argentina presentó 35 propuestas para favorecer al sector. Subsidios, controles, y beneficios exclusivos, son algunas de ellas.

El pasado martes, la cámara empresaria que nuclea al sector industrial (UIA), divulgó un documento con 35 propuestas para promover a la industria PYME que, de acuerdo con el trabajo, representa al 59% de las PYME que exportan y generan 576 mil empleos formales directos.

Entre las 35 recomendaciones aparecen medidas ya tomadas, ya fracasadas, y que realmente no contribuyen  a la prosperidad económica general.

Por ese motivo, me gustaría analizar algunas de ellas en detalle.

Industria grande no es economía grande

Los economistas “pro-industria” suelen cometer el error de equiparar el crecimiento de la industria con el crecimiento de la economía en general.

Esto, sin embargo, no es del todo correcto.

Es decir, sí es cierto que en la medida que crezca la economía, uno esperaría ver crecer a todos sus sectores. A distinto ritmo, cierto, pero a todos al fin.

Sin embargo, el razonamiento inverso no es cierto. Por ejemplo, es perfectamente posible que un sector de la economía crezca, pero a costa de otro, lo que no genera crecimiento económico general, sino solo un beneficio sectorial, compensado con un perjuicio sectorial.

Esto es especialmente así cuando se le pide al estado que intervenga,  castigando a unos para beneficiar a otros. Por ejemplo, cuando el gobierno congeló y mantuvo prácticamente sin cambios las tarifas de servicios públicos como la energía eléctrica y el gas, a corto plazo las empresas consumidoras se beneficiaron, pero a costa de sus proveedores.

Por último, país industrial no es sinónimo de país rico. Indonesia, por ejemplo, tiene el 47% de su PBI explicado por la industria, pero su PBI per cápita (ajustado por poder de compra) es de USD 12.400. Estados Unidos, por el contrario, tiene un sector industrial del 19,1% de su PBI, y un ingreso per cápita de USD 59.600.

¿Por qué no a todas las empresas?

Entre las propuestas de la UIA para las PYME industriales encontramos muchas que podríamos incluir dentro de la categoría: “¿y por qué no a otras empresas también?”.

Es que el documento plantea, entre otras cosas:

  • Habilitar para PyMEs el revalúo de activos sin costo/pago de alícuota.
  • Agilizar tiempos de devolución de saldos de IVA y reintegros Información
  • Suspensión de Derechos de Exportación

Ahora bien, si esto es tan útil y esencial para las PYME del sector manufacturero, ¿por qué no proponerlas para la economía en su conjunto?

¿Qué tienen las PYME que las haga tan esencial? Uno podría decir que son las empresas que, en conjunto, mayor empleo generan. Pero también se podría argumentar que,  tomadas individualmente, las empresas grandes son las que más empleo generan por unidad empresaria.

¿Sería ese un argumento para bajarle los impuestos a las multinacionales?

No veo por qué no.

Ahora el punto fundamental es por qué el pedido de medidas de alivio impositivo específicas para un sector, cuando bien podrían aplicarse para toda la economía, dando beneficios incluso mayores que los que resultarían de aplicarlos solo en un rubro.

Juegos de suma cero

Más arriba comentábamos de políticas que sirven para beneficiar a unos, pero en detrimento de otros.

Entre las propuestas de la UIA, muchas calzan perfectamente con esta descripción.

La número 5 solicita:

Elevar inversiones de Aseguradoras en instrumentos PyMEs del 3% al 10%, según el artículo 50 que habilita a la fijación del piso de inversiones en instrumentos PyME.

Por si no se comprende de qué se trata el punto, existe una Ley, la 27.264 que impone que las empresas de seguros, que administran cuantiosos fondos derivados de las cuotas que pagan sus clientes asegurados, dispongan de “mínimos obligatorios en instrumentos de financiamiento de capital de trabajo destinados a empresas Micro, Pequeñas y Medianas”.

El pedido de los industriales, ahora, es elevar ese mínimo del 3 al 10%.

Ahora bien, imaginemos que el lector es un ahorrista que dispone de USD 1.000 para invertir. ¿Qué tipo de inversión buscará? ¿Una de alto retorno pero alto riesgo, una de bajo retorno pero bajo riesgo, o una inversión que otra persona lo obligue a realizar?

Me parece que queda claro que la última opción queda totalmente descartada.

Sin embargo, aquí el gobierno obliga a quienes en realidad deben responder a sus clientes, y solamente a ellos, a utilizar sus fondos bien habidos para financiar un sector que, de otra forma, no recibiría financiamiento, acaso por considerarse demasiado riesgoso, o poco promisorio.

Otra propuesta de este estilo es la número 15, que sostiene que debe reponerse “la Línea de Financiamiento para la Producción”, que era básicamente una norma del Banco Central que obligaba a los bancos privados a prestarle a algunas empresas.

Obviamente, dichos préstamos se hacían a tasas increíblemente negativas respecto de la inflación.

Es decir, el banco perdía prestando, y la empresa era subsidiaba recibiendo “plata gratis”.

Obviamente, este sistema es fantástico para las PYME que reciben el crédito, pero pesadillesco para quien debe entregarlo.

Una película que ya vimos

Hasta aquí solo hemos visto algunas de las 35 ideas que la Unión Industrial Argentina propone al gobierno implementar. Otras propuestas incluyen exenciones tributarias, usar plata del FGS para financiar PYMEs, continuar esquemas de Compre Argentino en el sector  público nacional, o restringir con normas antidumping la importación extranjera.

Si bien vestidas de un mejor color, muchas de estas propuestas ya han sido implementadas y ya han fracasado en nuestro país.

Además, en la medida que se pidan privilegios especiales de un sector, pero en detrimento de otros sectores de la economía, nada bueno podemos esperar en términos agregados.

Las 35 propuestas de la UIA son más de lo mismo. Las buenas ideas que proponen podrían ser ampliadas a todo el entramado productivo. Pero el resto son meros pedidos de privilegios sectoriales.

Tenemos que entender que la suerte de una empresa, así como de un sector, no dependen de la mano asistencial del gobierno, sino de la creatividad y el espíritu de sus empresarios. Obviamente, el rol del gobierno debe limitarse a no anular dicha capacidades.

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Iván Carrino
Iván Carrino

Iván Carrino es director de Iván Carrino y Asociados, una consultora especializada en economía y finanzas. Además, es Subdirector de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Es Licenciado en Administración y doble Máster en Economía.

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