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Que pague el que sigue

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Reducir el déficit fiscal a costa de subir impuestos y recortar obras de infraestructura aparece en la agenda de muchos gobiernos argentinos en la historia pero el terminar con la fiesta de endeudamiento, gasto y emisión de manera sustentable, nunca.

Hace un par de semanas desde esta misma columna nos preguntábamos: ¿Puede Anses bajar el Riesgo País?

Como recordarás, la pregunta surgía en torno al vencimiento del Bonar 2018 (AN18) en donde te comentaba que el mayor tenedor de ese bono era el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de Anses, fondo destinado a invertir los fondos de aportes jubilatorios para garantizar el pago de las jubilaciones de las generaciones actuales y futuras.

Como el Fondo Monetario Internacional ya nos había otorgado los fondos necesarios para cerrar el programa financiero del gobierno para este año y gran parte del que sigue, valía la pregunta de por qué no podía el Anses utilizar estos fondos que cobrará para ayudar al gobierno a bajar el Riesgo País. En esa misma nota te mencionaba que había dos caminos que podía tomar el gobierno.

  • Uno es el camino miope y cortoplacista de emitir un nuevo bono que sería muy fácilmente colocable a la misma Anses.
  • Y, por otra parte, un camino inteligente que sería dejar a Anses que reinvierta ese dinero (el cobrado por el pago del AN18) en los bonos que ya se encuentran emitidos, ayudando a bajar el Riesgo País.

Cuando escribí esa nota hace un par de semanas el Riesgo País se ubicaba en la zona de los 680 puntos y el pasado viernes cerró en 729 puntos. Una muy fuerte suba en pocos días.

¿Hace falta que te diga qué camino tomó el gobierno?

Sigamos empapelando a la Anses

Una gran decepción volvió a aparecer entre quienes operamos en el mercado cuando vimos el siguiente comunicado:

Como allí podrás leer, se optó por hacer una nueva emisión de un bono, perdiendo otra oportunidad de contribuir a bajar el costo del financiamiento para las empresas y el peso del endeudamiento del gobierno.

No quiero que me malinterpretes, la mayoría de los gobiernos en el mundo renuevan su deuda al vencimiento, incluso las grandes potencias mundiales. No es que eso sea lo que está mal.

Dejame explicártelo con un ejemplo más cotidiano.

Supongamos que en un momento de tu vida tus padres te prestaron dinero para que te compres un auto. Obviamente el interés que te cobrarán por ese préstamo (en caso de que te cobren) será mucho menor que el que te cobraría un banco.

Continuando con el ejemplo, supongamos que luego tu situación mejora y ahora disponés de dinero para pagarles el préstamo a tus padres, pero como el interés que te cobran ellos es muy bajo, preferís abusar de la buena voluntad de ellos y darte el gusto de tomarte unas vacaciones en Europa, dilatando el momento en el que tendrás que pagarles a tus padres.

Bueno, algo parecido es lo que sucedió con el vencimiento de este bono. Gracias al acuerdo con el FMI, Argentina no necesitaba de este dinero para poder cerrar su programa financiero en 2019.

Esto incluso puede verse en el gráfico que presentó hace unas semanas la Oficina de Presupuesto en el Congreso:

Entonces, si era un dinero del que podíamos prescindir y mandar una fuerte señal al mercado de que el gobierno se autoimponía un ajuste de cinturón, ¿por qué no lo hicimos?

Lleguemos hasta diciembre de 2019 y después se verá

Es que un vaso de agua y la tentación de una renovación fácil de deuda (Anses puede ser hasta más amigable con el Gobierno de lo que serían con vos tus padres, basta con ver algunos papeles que se han dado y boletas que le ha tocado pagar a lo largo de nuestra historia) no se le niega a ningún gobierno en la Argentina.

Claramente el plan financiero actual del Gobierno apunta a tratar de lograr cerrar 2019 con la fuerte ayuda del FMI y la renovación de deuda en el mercado interno, prendiendo una vela a todos los santos para que en 2020 (en caso de seguir en el gobierno) se les abran los mercados internacionales de nuevo y, si ya no están, que sea un problema del gobierno que sigue (como ha sucedido históricamente con nuestros gobiernos y la pesada herencia que dejan a sus sucesores).

Y esta actitud ha sido rápidamente leída por el mercado, haciendo que exista un abismo entre el rendimiento de los bonos que vencen en 2019 y los que vencen después. Por verlo en números, el Bonar 2019 (AA19) que vence en abril de 2019 rinde 3,89% contra el rendimiento de un Bonar 2020 (AO20) cuyo vencimiento opera en octubre de 2020 (apenas 18 meses después) de 9%.

Más del doble de rendimiento por apenas un año y medio más de plazo.

Es algo que no se encuentra en el mundo: un bono que rinde apenas 160 puntos por encima del bono norteamericano para el mismo plazo y otro que está en niveles de duda respecto a la capacidad de pago.

El próximo vencimiento importante de deuda que tendremos será en mayo próximo cuando el Bonar 2024 (AY24) pagué el 16,66% de su capital y cupón. A diferencia de lo que sucedió con el AN18, el AY24 tiene fuerte tenencia por parte de inversores privados por lo que habrá que realizar una oferta más atractiva para conseguir que renueven el capital con las elecciones presidenciales en el horizonte próximo. ¿Lo conseguiremos?

Bueno, en caso de no hacerlo, los fondos del FMI nos alcanzarán para pagarlo y que la fiesta siga.

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Matias Daghero
Matias Daghero

Matías Daghero es Asesor Financiero Certificado por IAEF (Argentina) e IEAF (España), Especialista en Dirección de Finanzas (ICDA-UCC) y Contador Público (UCC).

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