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La danza de la lluvia y un populismo sin aire

La danza de la lluvia y un populismo sin aire

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En el afán natural de intentar encontrar la solución o la explicación más rápida a las cosas, a veces las sobre-simplificamos.

Tiene sentido, ya que es un mecanismo natural que tenemos para eficientizar el uso de nuestra limitada energía corporal, dado que el cerebro demanda mucha.

Como consecuencia, se puede decir que resulta un arte el hecho de elegir correctamente los momentos donde conviene simplificar fenómenos.

Todo esto lo digo haciendo referencia a lo que creo atraviesa la economía argentina, y algunos intercambios con traders de mercado que tuve esta semana.

Según algunos tipos de mercado, en Argentina hay lugar para el rebote.

Yo no lo creo.

 

“El campo nos salva” No tan rápido, chico!

Es cierto, es campo ha sido nuestro eterno salvador. El sector responsable de más del 55% de las exportaciones totales, es por lejos el sector más dinámico y competitivo de la economía argentina.

Un conjunto de factores entre los que se encuentran (i) buena dotación de recursos naturales, (ii) capacidades empresarias y (iii) elevada inversión en maquinaria y equipo han generado un núcleo productivo que genera todos los años cerca de 30 mil millones de dólares en producción de granos.

Para este 2019, por la mejora relativa del clima (no tenemos una grave sequía, como ocurrió en 2018), las estimaciones para esta campaña son muy alentadoras. En soja se espera una cosecha de 53 millones de toneladas (MT), 15.2 Mt más que la campaña 2017/2018; en maíz se estiman casi 50 Mt, 6.2 Mt más que en 2018; mientras que en girasol se esperan 500 mil toneladas más que la campaña 2017/2018.

Concretamente, la campaña valorizada representaría un número en torno a los USD 27.000 millones de dólares. Eso se traduciría en un aporte de 1.7 puntos al crecimiento del PIB argentino para 2019. Una cifra realmente alta, pero lamentablemente no llega contrarrestar la recesión en el resto de los sectores lo que nos deja un crecimiento negativo para el conjunto de 2019.

O sea, si el campo performara igual que el año pasado, en vez de caer un 1,5% en 2019, caeríamos alrededor de un 3,2%. Una caída brutal.

Así, se puede observar que ni siquiera con un campo entregando números más que saludables podemos siquiera acercarnos a un año bueno en materia económica, lo que da cuenta que la situación es estructuralmente preocupante.

 

Lo que queda del FMI

El FMI nunca ha apoyado a un país con semejante cantidad de fondos como lo ha hecho con Argentina. Ha sido un hecho inédito. Eso es cierto.

El tema es que ese financiamiento, del que ya hemos recibido más de la mitad, caería en un 88% sobre la actual administración, al finalizar el programa completo.

Concretamente, de los aproximadamente USD 57.000 millones pedidos, solo unos USD 7.000 ingresarán en 2020, o sea, durante la próxima administración.

Queda claro que, si pasamos en limpio, el FMI parecería no haber apoyado al país, sino a la administración actual, que no es lo mismo. Más allá de eso, dichos fondos se han destinado y se seguirán destinando a ensanchar las arcas del BCRA, a vender dólares en el mercado cambiario, al repago de deuda en moneda extranjera, y al pago de gasto corriente, entre otros usos.

Queda claro eso es pan para hoy, y hambre para mañana, ya que todo ese poder de fuego extra implicará un ensanchamiento considerable de los vencimientos para 2020-2022, que ya pintan cuantiosamente difíciles de repagar.

Pero el punto principal, a mi juicio, es que el 2do semestre 2019 debería ser el auge del mini-ciclo económico actual. O sea, después del colapso de 2018, la cuantiosa entrada de los dólares del FMI, más el rebote del campo y el “rebote técnico” de la actividad económica (que ya está empezando a mostrar un piso), se debería traducir en una mejora del “momentum” de la macro argentina.

Sin embargo, el arrastre del barro de 2018 es tan grande que, así y todo, 2019 implicará una caída de económica en torno al 1,5% del PIB, con una inflación que superará el 35%, al tiempo que la inversión caería 10%. Una tragedia.

Mientras tanto, Chile crece al 4% con una inflación del 2,6% y una inversión creciendo casi al 5%. Admirable.

Así, queda claro que si esos números son lo mejor que tiene para ofrecer el respirador artificial del FMI y una muy buena performance del campo ¿Qué queda para 2020 y 2021, cuando haya que repagar parte de esta fiesta? ¿Qué pasa si otra vez vuelve a llover un poco más o un poco menos de lo que debería?

No hace falta tener un PhD (pi eich di) en economía para inferir que se vienen tiempos difíciles.

Por ello, volviendo a la intro de la nota, y respondiendo a los muy optimistas traders: no, no hay FMI ni campo que nos salve de tener que invocar a la danza de la lluvia a partir de 2020.

Saludos,

Juan Ignacio Fernández

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Juan Ignacio Fernandez
Juan Ignacio Fernandez

Es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y estudiante avanzado de la Maestría en Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella. Es el analista financiero de ContraEconomía y a su cargo están las recomendaciones de inversión de nuestro producto estrella: ContraInversiones. Juan trabajó como analista macroeconómico en diferentes consultoras y hace dos años fundó su propia empresa de asesoramiento, Oikos Bs. As, especializada en informes de macroeconomía, inversiones y real estate.

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