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Para bajar la pobreza: Libre Comercio

Para bajar la pobreza: Libre Comercio

Iván Carrino
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Los estudios empíricos comprueban que comerciar es bueno para los más pobres.

En el año 1990, 1.900 millones de personas en el mundo vivían en lo que el Banco Mundial considera “extrema pobreza”. Es decir, sobrevivían con el equivalente a USD 1,9 por día. De acuerdo con los últimos datos, ese número cayó a 734 millones, con una población total que pasó de 5.300 a 7.300 millones.

Es decir que, en términos absolutos, 1.166 millones de personas dejaron de ser pobres. Y, en términos relativos, la pobreza extrema pasó de representar el 36% al 10% del total de la población.

En paralelo con esta fantástica mejora de la situación de la humanidad, el comercio internacional vivió un período de auge.

En 1990, solo 50 tratados de libre comercio se habían firmado en el globo. Hoy son más de 280. Por otro lado, en su momento el comercio global solo representaba el 38% del PBI, mientras que hoy ese dato asciende al 71%.

¿Habrá alguna relación entre una cosa y la otra? ¿Será que el comercio libre reduce la pobreza?

Estudios recientes parecen demostrar que sí.

Casos concretos

Como parte de una serie de publicaciones específicas sobre esta temática, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio lanzaron recientemente un nuevo estudio llamado: “Comercio y Reducción  de la Pobreza: Nueva Evidencia del impacto en países en vías de desarrollo”.

Allí estudiaron una serie de casos de diversos países de bajos ingresos (Túnez, Ghana, India y Vietnam, entre otros) que implementaron o están estudiando implementar políticas a favor de la liberación comercial.

En el caso de Túnez, por ejemplo, se observó que:

… el bienestar de los hogares mejoró debido a la reducción de las tarifas aduaneras. El efecto es mayor entre los grupos de más bajos ingresos, dado que la caída de los precios de los bienes de consumo los beneficia más que a los hogares más ricos.

Otro trabajo presentado en el estudio, enfocado en la manufactura de países africanos, mostró que los sueldos de las empresas exportadoras e importadoras es más elevado que en las restantes empresas de la economía. Esto sugiere que a mayores  posibilidades de internacionalizarse, mayores son las posibilidades de que la gente obtenga mejores salarios.

Para Vietnam, la data es más que elocuente. En 1992, la pobreza alcanzaba al 55,2% de la población, mientras que para el año 2008 ésta fue de 16,4%. De acuerdo con el trabajo, eso se debió, en gran parte, al llamado Doi Moi, un proceso de dos etapas, que combina la liberalización del comercio (eliminando por completo las licencias para importar y las restricciones cuantitativas), con reformas estructurales y estabilización macroeconómica.

Para los autores:

El análisis empírico resalta de manera consistente la importancia del comercio internacional sobre la economía de Vietnam, así como la correlación positiva entre apertura, crecimiento y reducción de la pobreza.

¿Cómo lo hace?

En economía suele destacarse que correlación no implica causalidad. Es decir, que la gente use paraguas los días de lluvia, no quiere decir que los paraguas ocasionen la lluvia. De la misma forma, podría argumentarse que el hecho de que la pobreza caiga mientras se abre el comercio no es argumento suficiente para decir que el último genera lo primero.

No obstante, ahí entra la ayuda de la teoría. Y es que el comercio puede contribuir a reducir la pobreza al menos de estas tres maneras:

  • La apertura reduce los precios de los bienes de consumo de las familias de menores ingresos. Menores barreras arancelarias implican menores precios para bienes de consumo, lo que incrementa los ingresos reales de los trabajadores.
  • El comercio permite que los bienes ofrecidos por los productores más pobres encuentren nuevos mercados, incrementando sus ingresos. En la medida que la apertura aumenta las exportaciones, la mayor demanda sube los precios de lo producido por los fabricantes locales, aumentando su ingreso real.
  • El comercio mejora la capacidad de innovación de las firmas y la productividad de la economía. Todo esto lleva a un aumento del crecimiento económico, que es “la herramienta más poderosa para reducir la pobreza”.

Obviamente, no todo es color de rosa ni depende exclusivamente de la política comercial de los países. De acuerdo con el estudio, deben tenerse en cuenta los efectos negativos de una apertura comercial sobre los sectores que compiten con las nuevas importaciones, por ejemplo.

Además, se observa que los beneficios de la apertura comercial se materializan mejor si ésta se ve acompañada de estabilidad macroeconómica y adecuadas “redes de contención”.

Lecciones para Argentina

Si abrir el comercio y tener estabilidad macroeconómica ayudan a reducir la pobreza hay que decir que Argentina está muy mal posicionada.

En términos de estabilidad, en los últimos 10 años tuvimos 5 recesiones, y la tasa de inflación nunca bajó de los dos dígitos.

Y en términos de apertura comercial, a pesar del llanto de los industriales, ningún tratado de libre comercio se ha firmado en los últimos 20 años. Por otro lado, no se modificó casi en nada nuestra estructura arancelaria, y apenas si se ha visto una normalización en términos de Licencias No Automáticas.

De hecho, mientras en el mundo el ratio Comercio / PBI pasó de 51% a 72% entre 2003 y 2017, en Argentina éste cayó de 40% a 25%.

El nuevo gobierno que asuma en 2020 debería anoticiarse de estos hallazgos. Para reducir la pobreza, es primordial estabilizar la economía, pero igual de importante es abrirla drásticamente.

La globalización es la salida.

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Iván Carrino
Iván Carrino

Iván Carrino es director de Iván Carrino y Asociados, una consultora especializada en economía y finanzas. Además, es Subdirector de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Es Licenciado en Administración y doble Máster en Economía.

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