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La tribuna de analistas sigue “festejando laterales”

La tribuna de analistas sigue “festejando laterales”

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Durante la jornada del miércoles se dio a conocer el último Índice de Precios al Consumidor (IPC), correspondiente al mes de abril. El mismo arrojó un alza del 3,4% mensual, lo que implica que en la comparación interanual (abril 2019 Vs abril 2018) el aumento alcanzó la friolera de 55,8%. Esta es la cifra más elevada desde 1991.

El asunto es que este 3,4% de abril ha despertado reacciones contrapuestas.

 

Básicamente, es cierto que representa una baja considerable desde los niveles mostrados en el mes de marzo (cuando la variación mensual había alcanzado el 4,7%). Pero también es cierto que la cifra es todavía altísima. De hecho, está en línea con el promedio de los últimos 6 meses.

 

Además es importante tener en cuenta que en términos interanuales estamos en niveles cercanos al 60%. Supongamos que nos olvidamos de los meses anteriores y proyectamos una anualización en base a este “positivo” 3,4% (o sea, si suponemos que tendremos 3,4% mensual por 11 meses más): estamos hablando de una cifra que implica una inflación de casi el 50%. Un registro nefasto, por donde se lo mire. Incluso más alto que lo que tuvimos en 2018, cuando el IPC registró una variación de casi el 48%.

Los agravantes

Queda claro las cifras siguen siendo nefastas, por lo que, incluso aunque realmente estemos en presencia de una mejora, todavía estamos lejos de tener enfrente algo por lo cual festejar. Al menos esa es mi visión de los hechos.

¿Qué quiero decir con esto? Para ponerlo en perspectiva, estamos con una inflación top 4 a nivel mundial, solo por detrás de Venezuela, Zimbabue y Sudán. De hecho, estamos prácticamente empatados con Sudán, cabeza a cabeza.

El asunto es que, a mi juicio, la realidad sería todavía peor, dado que existen dos agravantes que deberían terminan de dilapidar cualquier tipo de optimismo posible.

  1. El congelamiento de tarifas,
  2. La anestesia monetaria con las mega-tasas.

Con respecto al congelamiento de tarifas (agravante Nro. 1), lo cierto es que el gobierno, ante el álgido humor social, dada la miseria económica en la que nos encontramos, ha decidido patear los aumentos de tarifas estipulados para el segundo y tercer trimestre de 2019 para después de las elecciones. O sea, trasladamos parte de la inflación de hoy hacia el futuro. Si no hubiéramos pateado estos aumentos, la inflación de abril, de mayo y de los meses subsiguientes sería todavía más alta. Esto hace que el registro del 3,4% sea un tanto “mentiroso”.

En lo que respecta a la anestesia monetaria (agravante Nro. 2), la realidad es que también estamos en presencia de cifras altamente nefastas. Poniéndolo en concreto: las tasas se encuentran en niveles demenciales (LELIQ en niveles +71%) con el objetivo de quitar dinero del mercado, y con esto, presión inflacionaria y cambiaria. El asunto es que esto, tal como te mencioné en notas anteriores, genera un problemón de cara a 2020.

 

El paciente y el antifebril

Tomando perspectiva de los hechos, queda claro hay poco para festejar: tenemos una inflación casi top 3 mundial, incluso a pesar de que estamos pisando las tarifas y manteniendo tasas demenciales que quitan presión sobre el tipo de cambio y la inflación.

O sea, incluso a pesar de esto y de que la inflación mensual parecería desacelerarse “algo”, todavía se encuentra en niveles del 50% si anualizamos el ritmo mensual. Algo nefasto que la tribuna de analistas optimistas festeja.

Creo que realmente hay gente que, en su afán de convalidar su visión optimista de las cosas, termina festejando eventos lamentables.

Así, creo que este sesgo cognitivo nos lleva a bajar mucho la vara y terminamos “festejando laterales”.

Por ejemplo, en este caso, festejar este 3,4% de inflación, dado el contexto actual, sería como festejar que a un enfermo le bajan un par de décimas de fiebre luego de haber tomado una descomunal dosis de un antifebril. Es cierto, una baja de una décima de fiebre eso algo bueno en sí, pero lo cierto es que la fiebre sigue súper alta y encima no está bajando porque la enfermedad se está disipando, sino porque se le está dando una brutal cantidad de medicina que no corresponde a la levísima mejora.

Así, para este caso, sugiero dejar de “festejar laterales” y tomar real perspectiva de los hechos.

El cuadro general no es para nada bueno.

 

Hasta la semana próxima,

Juani Fernández

Juan Ignacio Fernandez
Juan Ignacio Fernandez

Es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y estudiante avanzado de la Maestría en Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella. Es el analista financiero de ContraEconomía y a su cargo están las recomendaciones de inversión de nuestro producto estrella: ContraInversiones. Juan trabajó como analista macroeconómico en diferentes consultoras y hace dos años fundó su propia empresa de asesoramiento, Oikos Bs. As, especializada en informes de macroeconomía, inversiones y real estate.

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