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Peronia, al tope de todos los rankings de nefastitud

Peronia, al tope de todos los rankings de nefastitud

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Para los que leen mi columna regularmente, saben que no doy vueltas.

Soy de los que piensan que las cosas hay que decirlas de la manera más directa y simple, dado que el tiempo de todos es valioso, y que, además, la riqueza de una explicación es proporcional a su simpleza.

Tal como en algún momento dijo A. Einstein: “si no podés explicarlo de manera simple, no lo entendés lo suficiente”.

Habiendo dicho esto, voy a intentar bajar el mensaje que tengo en mente de la manera más clara y más sintética posible.

Para empezar la nota, te comento lo siguiente: esta semana se dio a conocer un popular índice publicado anualmente por IMD, una universidad “de negocios”.
El Índice en cuestión es un ránking de Competitividad Global IMD de 2019, un indicador creado allá por 1989 por el académico Stéphane Garelli.

El mismo reveló un dato que nos deja bastante mal parados: Argentina se ubicó ante-penúltima en el ránking de competitividad (puesto 61 sobre 63 países), solo por delante de Venezuela y Mongolia, respectivamente.

Al margen de que es una cifra nefasta per se, la misma resulta aún peor porque implica una caída de 5 puestos con respecto a 2018.

Entiendo que la misma podría resultar “sorpresiva” para muchos, sobre todo para los más afines a ideas estructuralistas de izquierda, ya que este subconjunto de individuos entiende por competitividad ‒en gran medida‒ a la competitividad cambiaria… algo que no se correspondería con lo que muestra ranking ¿Por qué digo esto? Simple, porque incluso a pesar de la salvaje destrucción del peso argentino, que licuó nuestros salarios en moneda dura y nos “abarató” sobremanera con respecto al resto del mundo, Argentina cayó 5 puestos.

Algo que resulta inexplicable desde el paradigma socialista. De hecho, esto es algo que podría provocarles un cortocircuito sináptico.

Bueno…dejando el histrionismo de lado, la explicación es simple y reside en que, como atinadamente refleja el índice, el mismo no solamente mide la competitividad cambiaria, sino que tiene otras variables en cuenta.

Ellas son:

  1. Performance macroeconómica (PIB, inflación, etc).
  2. Eficiencia gubernamental (efecto de las políticas públicas sobre la competitividad).
  3. Eficiencia del sector privado (Grado de innovación y rentabilidad del sector privado).
  4. Infraestructura (auto-explicativa).

 

Estas variables son totalmente razonables. Básicamente, si trabajaste alguna vez en el sector privado, sobre todo en una empresa de alcance internacional, te habrás dado cuenta de que, en gran medida, la atractividad de un país a la hora de hacer y pensar negocios, está altamente determinada por los ítems mencionados más arriba.

Volviendo un poco al número, creo cabe mencionar que el desplome argentino en el ránking 2019, se ha debido principalmente al fenomenal retroceso en los ítems 1) y 2).

De esta manera, Argentina se ubicó –nuevamente‒ casi al tope (o al fondo, en este caso) de un nefasto ranking económico/institucional.

 

Pero no es el único…

Para los que están más atentos a la info de mercado, lo cierto es que esto no resulta más que otra frutilla en un gran postre que tiene a Argentina como una de las cabezas globales en lo que respecta a empeoramiento de las condiciones socioeconómicas.

Por ejemplo, Argentina también se encuentra en el 2do puesto del “Misery INDEX” (o Índice de Miseria), versión Hanke. Solo detrás de Venezuela (of course!).

Este índice tiene en cuenta la inflación, el desempleo, las tasas de interés (todos factores negativos), descontando de ello (con signo positivo) el crecimiento del PIB per cápita.
O sea, a mayor inflación, desempleo y tasas de interés, más alto el “Misery INDEX” del país. En criollo: más miserable el país.

Queda claro que es un índice bastante lógico y representativo, ya que cuando la inflación y el desempleo son muy altos, es porque realmente la gente lo está pasando muy mal.
Basta notar un poco el alargamiento progresivo de las caras del centro porteño durante los últimos años para dimensionar el grado de realidad de este indicador.

Pero esto no queda ahí.

Hace pocos días, un documento de la ONU dio a conocer ‒entre otras cosas‒ los números de la performance industrial de los países del globo.
A esta altura supongo que imaginarás lo que sigue: sí… Argentina tuvo la peor caída del sector industrial del mundo en 2018.

Parafraseando un poco (me encanta hacerlo): ningún otro país vio retroceder a su sector industrial como Argentina durante el año pasado.

Para tomar dimensión de la gravedad de esto. La performance ha sido tan mala que en 2018 la actividad industrial se ubicó en niveles de 2009. O sea, hemos “lateralizado” 10 años. Una década perdida para el sector industrial. Un sector industrial por otra parte que, a mi juicio, todavía no ha visto lo peor.

Esta es una imagen de aquel informe de INDEC que coronaba la performance industrial de 2018, que resume muy bien lo que es Cambiemos

Si uno se abstrae lo suficiente, se puede observar que Cambiemos no es más que kirchnerismo con un formato más lindo.

 

Lo que viene en Peronia

Habiendo repasado estos 3 datos nefastos, que no son más que un síntoma en esta metástasis socioeconómica generalizada que estamos sufriendo, invito a una seria reflexión. Sobre todo, teniendo en cuenta el momento político en el que nos encontramos.

Estamos en vísperas de una elección bastante particular.

Por un lado, tenemos a un neo-radicalismo debilitado, que ha fracasado sobremanera en su intento de torcer el lamentable rumbo del país; por otro, tenemos a la barbarie de siempre, también responsable directa por el colapso que hoy seguimos sufriendo.

Ante esta situación, sugiero reflexionar sobre lo siguiente: ¿Realmente pensamos que estos individuos, que gobiernan desde hace 4 décadas de manera ininterrumpida, van a poder arreglar el problema que ellos mismos han gestado gratuitamente?

Cada vez que han tenido la chance de, por ejemplo, utilizar el joystick de la política monetaria, la inflación ha aumentado significativamente; cada vez que han podido, siempre han gastado de más, destruyendo la salud fiscal del sector público, algo que hemos terminado pagando, siempre y sin excepción vía inflación, impuestos, confiscaciones, y pérdida de bienestar en general.

A la luz de los hechos, creo que es hora de cambiar en serio, y, para ello habría que ponerle un fin al voto útil, para votar realmente lo que creemos mejor, independientemente de las chances que uno a priori pueda atribuirle al candidato.

Hace poco debatía con unos colegas en un grupo de Whatsapp sobre el tremendo costo de oportunidad de no haber elegido a, por ejemplo, un tipo como Lopez Murphy en 2003.

Qué distinto hubiera sido todo.

Con un tipo razonable, prudente y audaz al frente de un país con una “hoja en blanco” en términos macroeconómicos (como teníamos en 2003), hubiéramos podido realmente encarar otra cosa.

Decidir mal nos ha costado caro.

Esta vez, y sin temor a equivocarme, creo que podría ser incluso peor.

Tal como lo he comentado hace poco en un reportaje en una radio, creo que es muy probable vivamos un convulsionado neosetentismo en un futuro no tan distante.

Ojalá no sea el caso.

Hasta la semana próxima,

 

Juan I. Fernández

Para CONTRAECONOMÍA

 

PD: Por si el Misery INDEX no te convenció, esta semana también se dio a conocer un particular ránking armado por la UADE con datos de ADEFA. En Argentina se necesitan 26 sueldos para comprar un 0km, la peor cifra dentro de los países seleccionados en el estudio. Más del doble que en países europeos, y 6 veces más que en USA. Peor que Brasil.

Si todo eso no te convence para concluir que somos en un país lamentable, y, que por ello, debemos cambiar… entonces ya el asunto está fuera de mis manos.

Ahora sí, hasta la semana próxima!

Juan Ignacio Fernandez
Juan Ignacio Fernandez

Es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y estudiante avanzado de la Maestría en Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella. Es el analista financiero de ContraEconomía y a su cargo están las recomendaciones de inversión de nuestro producto estrella: ContraInversiones. Juan trabajó como analista macroeconómico en diferentes consultoras y hace dos años fundó su propia empresa de asesoramiento, Oikos Bs. As, especializada en informes de macroeconomía, inversiones y real estate.

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